Melania Emeterio
lidiamelania@claro.net.do
Este virus de magnitud nunca antes vista indica que viviremos bajo los efectos de condiciones traumáticas no superables en el corto plazo, pues estamos frente a situaciones lastimosas y desconcertantes por el número de fallecidos y en proceso el descalabro de la economía familiar, el nuevo modelo de relacionamiento.
¿Hacia quienes va dirigida toda esa presión? Está claro que van hacia aquellas a quienes la ideología y la cultura ha asignado los roles de servicios, atenciones y tareas en el hogar sin más paga que el concepto del amor, y la satisfacción por el “deber cumplido”. Quizá en los dos primeros días esto resulte una novedad y una celebración, pero más allá de ahí se está al borde de la monotonía, el hastío, aburrimiento, irritabilidad, caldo de cultivo para la violencia intrafamiliar.
La violencia en tales circunstancias no va solo hacia la mujer, sino hacia niños, niñas y adolescentes pues estos, por su naturaleza, suelen ser inquietos, hiperactivos y hasta indomables. En experiencias docentes hay testimonios de niños y niñas que la pasan mejor en la escuela que en sus casas donde reciben malos tratos físicos, verbales y sicológicos. Pensemos muy serenamente en esta realidad, pues aunque se esté en este tiempo tan fatídico impuesto por el Coronavirus, la violencia hacia la mujer y la violencia intrafamiliar no se suprime ni necesariamente disminuye, más bien queda justificada socialmente como descarga de aburrimiento e irritabilidad.
Hay situaciones por las que políticamente pueden atravesar los países, y ante el mundo pasan como asuntos normales o necesarios, pero no advierten que para las mujeres implican otras complicaciones. Por ejemplo, está demostrado que en período de conflicto bélico las mujeres y las niñas corren el riesgo de ser violadas. Igual ocurre cuando un país es ocupado militarmente por fuerzas armadas extranjeras. Es el caso de Haití donde muchas niñas, y mujeres fueron violadas sexualmente, y puestas a prostituirse por parte de soldados de la MINUSTAH, apostados en ese país desde el 2010 – 2017.
Ahora, la cuarentena no está asociada a conflictos bélicos, ni invasiones extranjeras ella, mas también representa, para un número no determinado de mujeres, un momento crucial de presión, inseguridad e incertidumbre generado por violencia intrafamiliar de cualquier tipo, que ya se ha instalado con anterioridad a la causa del encierro decretado.
Ahora estos hechos, en ausencia de menos freno social, son más difíciles controlar, pues es más complicado el ejercicio de denunciar y buscar ayuda, pues Coronavirus es el centro de atención social, política, institucional , y mediático.

