Las consecuencias de la violencia intrafamiliar, encabezada por los lacerantes feminicidios, constituyen desde hace tiempo un desafío impostergable para las autoridades.
Se ha dado cuenta de que por lo menos unos 200 niños huérfanos han dejado las alrededor de 73 muertes de mujeres ocurridas en el país este año. Las estadísticas son escalofriantes.
La ministra de la Mujer, Janet Camilo, ha pedido a la población, con un candor impropio de su dilatado ejercicio político, que denuncie la violencia de género.
Además de la desconfianza de que se actúe, no necesariamente por negligencia, el problema no está en denunciar, sino en que se articulen programas eficaces que eviten esa violencia que tanto trauma ha causado en la familia.
Ante el creciente índice la Procuraduría General de la República ha anunciado un plan integral para enfrentar la tragedia, cuya aplicación no debe demorarse. Porque la violencia de género teje cada día una estela más espantosa en la familia dominicana.

