Opinión

Violencia y feminicidio

<P>Violencia y feminicidio</P>

 En el año 1971, entrevistábamos al doctor Antonio Zaglul, el más renombrado psiquiatra para esa época. La revista ¡Ahora!, de la cual fui redactor al mismo tiempo que del noticiero Radio Mil Informando, me encargó el reportaje. Había muchos casos de suicidio ingiriendo vidrio molido o un tinte de pelo llamado Negro Eterno. Zaglul, autor de “Mis 500 Locos”, nos sugirió que, para contribuir a disminuir el número de casos, en las reseñas sobre suicidio se usara el término sustancia tóxica, y no el nombre o marca.

 Razonaba que muchos individuos con inclinaciones suicidas meditaban sobre la vía, pero cuando oían repetidamente que la gente se mataba bebiendo las mezclas señaladas, decidían poner fin a su vida.

 Extrapolando esas reflexiones del médico petromacorisano a los frecuentes feminicidios, podría colegirse que esas acciones trágicas se repiten por la amplia difusión en los medios de comunicación. Es difícil ocultar o disfrazar la muerte de una mujer por su pareja o exmarido, porque no solo es un hecho de interés público, sino que afecta y consterna a un grupo social.

  En la década del 60, los hombres con intenciones suicidas se lanzaban desde el puente Duarte al río Ozama. Algunos fallecían ahogados y otros salían nadando o salvaban la vida por la ayuda de algún yolero pescador. Luego, los suicidas escogieron un camino seguro lanzándose del puente en lo seco.

 Hoy, hay reportes de que la ruptura de un matrimonio o de una unión consensual conduce a la comisión del llamado feminicidio, con la agravante de que el autor se suicida, evitando el peso de la justicia. El artículo 44 del Código Procesal Penal cita la muerte del imputado entre las causas de la extinción de la acción penal.

El Nacional

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