La repetición inusitada de los llamados feminicidios, adquiere ribetes espeluznantes. Recientemente, un adolescente mató a su novia, una menor de trece años, y luego se ahorcó. Es un hecho trágico y preocupante. Conmueve y llama a reflexión el hecho de que 65,000 mil mujeres han sido maltratadas, conforme a estadísticas reveladas por las autoridades.
La violencia contra la mujer superó los robos y los homicidios en el 2009 y la cifra aumenta cada año. En el 2012, ya más de cien damas han perecido a manos de hombres que fueron sus compañeros en un supuesto amor.
Realmente, no se puede llamar amor a la actitud de un hombre rechazado por su mujer y que recurre a la violencia para poner fin a una vida. En el país hay una cultura de machismo y algunos varones entienden que las hembras son una posesión.
Hay suficientes herramientas para castigar a los feminicidas, y existe conciencia y voluntad de sectores de diferentes estratos sociales.
El Estado, de acuerdo con el artículo 63 de la Constitución, debe procurar que toda persona tenga derecho a una educación integral, de calidad, permanente, en igualdad de condiciones y oportunidades, sin más limitaciones que las derivadas de sus aptitudes, vocación y aspiraciones; pero los funcionarios tienen que ser paradigmas para un conglomerado social en crisis.
Es bueno anotar que muchos hombres son victimas de violencia. Algunos no se atreven a querellarse en la Unidad de Prevención y Violencia de Género de la Fiscalía de los distintos Distritos Judiciales. Hace unos 12 años, un obrero de Mao se atrevió a solicitar una orden de protección debido a que mi mujer me daba una pela cada vez que llegaba a mi casa del trabajo.

