Las madres no se van
SANTIAGO. Todos los seres humanos venimos al mundo para irnos un día, principio inflexible y del cual nadie queda en categoría de excepción. Ni siquiera los seres que mas nos aman, que con mayor afán se desprendieron de todo para darnos vida, formación y futuro: las madres.
Esta semana, un líder del sector cooperativista, debió despedir a su madre. Rafael Narciso Vargas ofreció el ultimo adiós, junto a su familia y una enorme representación del sector, la señora María de Carmen Rodríguez Bidó.
Cuando se pierde una madre, nadie se puede poner en el lugar de los hijos dolientes. Decir: “Te acompaño en tu sentimiento” es una frase innecesaria, protocolar y repetitiva que no siempre logra el necesario acto de acompañamiento en ese momento de infinito dolor, en el cual el entendimiento va por un lado y el sentimiento de vacío y de ausencia, por otro. No importa que se trate de una madre que haya vivido todos los anos de un ciclo de vida largo y natural. Los hijos y las hijas de esa madre no lo entenderán ni aceptaran nunca.
Dona María del Carmen Rodríguez Bidó, no solo fue una madre que crio, alimentó y estimuló la educación de sus hijos, todos nacidos en el marco de la pobreza con la intención de que fueran “alguien” en la vida.
No.
Era ella un ser de luz que cumplió ese papel con un amor indefinible y perdurable, tanto que su partida física no hace mas que premiar ahora con el recuerdo de su existencia, a todos a los que amo y ayudo a abrirse paso.
Una madre que no busco nunca ser reconocida. Nadie la vio jamás pasando facturas por el ejercicio de amor del que fue ejemplo.
Le basto con traer sus hijos al mundo y apoyarlos para que fueran quienes son. Y su gran premio ha sido el beneficio que miles y miles de personas (socias y socios) de la Cooperativa La Altagracia, se hayan beneficiado de la siembra de ideales de bien que sembró en sus críos, y en particular en el Rafael Narciso Vargas, un hombre que ha tenido que despedir a seres amados, algunos a destiempo.
Las madres, en realidad, no mueren nunca. Se pueden ir sus signos físicos. Pero permanecen en sus frutos cultivados con firme ternura. Siguen viviendo con cada recuerdo suyo que irremediablemente volverá cada día.
Las madres, vistas así, no mueren nunca.
0000
En la despedida de su madre, Rafael Narciso Vargas no estuvo solo. Todos le acompañamos. Estuvieron sus colegas, hermanos y asociados de la Cooperativa La Altagracia, de la que es presidente de su Consejo de Administración, junto a sus compañeros y hermanos de la Federación de Cooperativas del Cibao Central y una delegación que viajó desde Santo Domingo, del Consejo Nacional de Cooperativas (CONACOOP), encabezada por el profesor Julito Fulcar Encarnación.

