Opinión

VISIÓN GLOBAL

VISIÓN GLOBAL

En una ocasión un periodista de la generación previa a la mía le preguntó al profesor Juan Bosch si no había pensado volver al Partido Revolucionario Dominicano, del que se había separado en 1973.

Tras una breve reiteración de las causas que provocaron su salida del PRD, Bosch dijo que no regresaría a ese partido aunque lo licuaran y lo volvieran a hacer.

El colega, ya fallecido, preguntó a Bosch: “¿Entonces eso quiere decir el PRD le queda chiquito a usted?”.

Bosch respondió: “No, yo le quedo grande al PRD”.

Este parecería un juego de palabras que al final significan lo mismo, visto al derecho o al revés, pero no lo es.

No es lo mismo, por ejemplo, que una camisa le quede pequeña a uno a que sea uno quien le quede grande a la camisa. En ese caso el grande es uno y no la camisa.

En estos días, a propósito de analizar la trascendencia de los individuos, se contempla cómo prácticamente todo el mundo sigue día a día la evolución de la salud del ex presidente sudafricano Nelson Mandela.

Y en cualquier ambiente donde se aborde el tema la reacción obligada es proclamar la grandeza del Premio Nobel de la Paz.

En su caso se puede decir que el mundo no le queda pequeño sino que él es demasiado grande para el mundo.

Como Mandela ha habido en otras partes y en otros tiempos políticos que se han enfrentado al poder y han logrado al menos salir con vida.

Eso no es nada del otro mundo, si tomamos en cuenta que muchos de ellos han estropeado al final toda su trayectoria haciendo lo mismo o peor que el poder al que enfrentaron.

Pruebas hay demás.

Pero Mandela, cuyos días vitales parecen agotarse, está hecho de otra estirpe. Luchó y venció, pero no se envileció.

Si hubiese sido un politiquito del montó aun estaría gobernando su país, pues popularidad, admiración y respeto le sobraban.

Prefirió gobernar apenas cuatro años, y al llevar como vicepresidente al último dirigente del segregacionismo-Frederick W. De Clerk-, demostró que a pesar de sus 27 años de encarcelamiento, su corazón era más grande que la justa indignación por el atropello a todo un pueblo.

¡Eso es ser demasiado grande!

 

El Nacional

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