Sobre la resolución municipal que restringe el paso de camiones y patanas por el malecón, nada hay que decir que no sea que se mantenga vigente y se amplíen los tramos en los cuales actualmente está permitido ese tránsito pesado.
El país tiene que organizarse.
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¿Qué hará falta para que autoridades y comunidad acepten el peso mortal que implica para la industria turística, el posicionamiento de la delincuencia que afecta a nacionales ya los visitantes, como los odontólogos pasantes norteamericanos atracados a plena luz del día en una de las principales avenidas comerciales de Santo Domingo?
La información sobre ese atraco, realizado sucesivamente contra dos grupos de jóvenes médicos, ha sido ampliamente publicado en medios internacionales, con la apostilla de que República Dominicana es actualmente el destino turístico más buscado de Caribe.
La delincuencia común ha trascendido lo circunstancial, acogotado la vida de los grupos sociales civilizados y ha comenzado a afectar la imagen del país, con hechos que se convierten en recurrentes. Antes fue el atraco a una familia griega en una vía pública de la Provincia La Altagracia, hecho igualmente difundido y que genera una estela negativa difícil de conjurar cuando se difunde en los medios internacionales.
La delincuencia ha adquirido una dimensión que necesita de un correctivo de la industria turística como sistema, incluyendo el sector privado. Los hoteles, mientras los visitantes se mantienen en las instalaciones, cuentan con servicios de seguridad y en sus espacios, no ocurren estos hechos.
El problema está cuando el turista sale. ¿Que hacer?

