MADRID. Esta ciudad tiene un aliento especial y un espíritu que ronda a la espera de ser descubierto en cada uno de sus monumentos, en la gente de aquí que sonríe y sirve, a pesar de la crisis que se expresa en todas partes, por doquier.
La ciudad de Madrid tiene un empuje, uno que es ubicable, que se siente a la distancia, separada y limpia de sus desafectos económicos.
Esta es una ciudad amable, abierta y dispuesta para la percepción de ojos que observen más allá de la mirada ordinaria.
Madrid, centro urbano principal de eso que malllamadamente se define como la Madre Patria, se explaya con sus museos, su tránsito impecablemente organizado (lo que no detiene los accidente que siempre están a la hora de un temerario de cualquier esquina).
Madrid es un respiro, una pausa, un mirarse desde la urbe compleja y llana.
Una ciudad que no deja de tener pedigueños (madrileños sin techo, gitanos sin patria y africanos sin dinero) en màs de una esquina, clamando por solidaridad o bondades esperadas.
Madrid me impresiona. Más allá de las ferias y luego de sus discursos, casi siempre los mismos. Hay una vida implìcita y latente en Las Cibeles.

