Opinión

Visos de eternidad

Visos de eternidad

Me cuentan que el discurso del presidente el 27 de febrero fue “patéticamente reeleccionista”, porque intentó presentarnos como un paraíso, donde todo lo que no se ha hecho se intenta.

No lo creo. Lo entiendo más bien como el discurso de un dominicano empeñado en poner en claro su paso por la Historia, desde su perspectiva y talentos, claro está. Lo otro sería poner en entredicho su palabra, la que ha avalado su gente más querida y cercana. Confío pues que de eso se trata.

Hoy una amiga trató de venderme un paquete funerario y me confesó que el negocio está muy mal ya que nadie está pensando en morirse, y esa negación provoca que sigan cometiendo los mismos errores: la soberbia para admitir los errores, el apego al poder y la egolatría, la deshonestidad estructural, la mezquindad, la manipulación y el “avance personal” a todo costo y costa.

En los paquetes funerarios actuales hay una nueva innovación: las urnas son redondas y degradables y hay de dos clases: las de tierra, que son marrones y te las entregan con tierra abonada con tus cenizas y una plantita; y las del mar, que son blancas y por eso no me llamaron la atención. Poblar el mar de bolas blancas con nuestras cenizas me parece poco poético. ¿Por que no las hacen azules? Se le iluminó el rostro. Y enseguida llamo a su jefe, ya entusiasmado porque el padre de un amigo se había caído y roto la cabeza y era un cliente seguro de su Funeraria.

Así transcurre la vida real, mientras nos desgastamos en estupideces y quienes se consideran como “inteligentes” caen en la trampa de una perpetuidad imposible, sobre todo en política.

Los abuelos deben disfrutar a sus nietos; a la esposa, o esposo que aún queda y no se sabe por cuánto tiempo. Eso provoca vivir la vida con intensidad, porque no sabemos cuándo, ni si, el compañero o compañera de vida estará con nosotros en esa misma fecha el año próximo.

Los “inteligentes” y cultos, deberían llevar su mensaje a otros escenarios. Si de mejorar la humanidad se trata no deben dejarse atrapar por los jueguitos de poder de minorías insaciables, ávidas de una acumulación rayana en la demencia. Cuando a uno lo entierran nada se lleva y se descompone en menos de 24 horas, apesta.

A menos que se crea en el espiritismo, la vida es una. Hay que despojarse de los juegos de poder del ego, hacer la vida de los otros menos difícil, menos angustiante, dejarse de insignificancias, y convertir el desapego en pasaporte a las añadiduras bíblicas y al menos frecuente de los sentidos: el común.

El Nacional

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