Editorial

¡Viva Mella!

¡Viva Mella!

Una  agradecida nación  recuerda hoy  el natalicio de  Matías Ramón Mella Castillo, el prócer que  en 1844, con disparo de trabuco ante la Puerta de la Misericordia despejó vacilaciones  y proclamó  la Primera República y  se levantó de nuevo en armas  ante la traición que significó la anexión a España, 17 años después.

Reclutado por Juan Pablo Duarte en 1838 para conformar La Trinitaria, Mella descolló por su lealtad  y  valor personal,  como gran estratega militar y  hábil político,  virtudes por las cuales el padre de la nacionalidad le asignó el papel de  concertar en Haití una alianza con los opositores del presidente Boyer.

Mella  fue miembro de la primera Junta Gubernativa, tras proclamarse la Independencia y  fue  expulsado  por Pedro Santana, por  su soberbia demostración de lealtad política al proclamar a Duarte como presidente de la República.

Como gobernador de la plaza de Santiago,  el general Mella  atrae  desde Moca al general José María Imbert, quien fue su mano derecha y héroe después en la decisiva batalla del 30 de marzo contra el ejército haitiano.

Las presentes generaciones deberían conocer  a plenitud y profundidad el perfil  histórico de este prócer, que   Junto a Duarte y Francisco del Rosario Sánchez, encarna las más  sublimes virtudes y principios  a las que  un buen  ciudadano debe aspirar: irrenunciable  compromiso con  la patria, honradez,  rectitud y nobleza.

Se resalta el episodio del 27 de febrero de 1844, cuando los trinitarios, alentados por la caída de Boyer, se congregan en  lo que es hoy la Puerta de la Misericordia para  proclamar  la separación de Haití, pero esa acción  corría el riesgo de fracasar por la falta de fe de muchos, lo que obligó  a Mella a  disparar su histórico trabucazo, que anunció al mundo el nacimiento de una nueva República.

Aunque tuvo afinidad cuando éste fungía como jefe del Ejército independentista,  Mella se convirtió en enemigo irreconciliable del general Pedro Santana, cuando el Marqués de Las Carreras anunció su propósito de anexar la república a España, y de inmediato se alistó  en el Ejército restaurador, lo que  reafirma la firmeza de sus convicciones.

El general Mella murió  el 4 de junio de 1864, en su hogar  cerca de la Fortaleza  San Luis, de Santiago,  en medio de la pobreza, pero con la gloria de haber colocado espada y corazón al servicio de  la Independencia Nacional y de la Restauración de la República.

Es imperativo proclamar  ante las generaciones presentes que  el general de división Matías Ramón Mella Castillo no se enriqueció  nunca a costa de los cargos públicos que ocupó ni adquirió ningún bien  en calidad de botín de guerra y que lo único que pidió a cambio de sus valiosos servicios fue que  al morir cubrieran su cuerpo con  el manto de la Bandera Nacional. ¡Viva Mella!

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación