Por qué nos aferramos tanto a personas tóxicas
II
-La persona celosa
Vive con una gran angustia, quizá por miedo o porque tenga la certeza de que la persona a la que quiere se va a ir. Tiene buen pronóstico de sanación siempre y cuando sean celos pasionales u obsesivos ya que en ambos casos tienen momentos en los que son conscientes de que no es correcto lo que hacen. Si hablamos de celos delirantes es algo que requiere asistencia psiquiátrica. Suelen ser personas que han sufrido situaciones en las que han sentido distantes a sus padres, que no se han sentido queridos, pueden haber sufrido bullying en la etapa escolar y viven con miedo al abandono.
Se puede ser celoso no sólo de la pareja, sino también de la familia o de los amigos. Con este tipo de personas lo ideal es la prevención en la infancia y en la educación. Pero si ya es tarde y estamos sufriendo un brote de celos lo que hay que hacer es identificar si estamos dando motivos para ello. Si los estamos dando hay que retirarlos y tratar de dar confianza. Normalmente la gente tóxica va a personas que se dejan manipular y comer el espacio. Si nos viene una persona celosa vamos a tratar de darle seguridad pero es preciso saber poner límites.
-La persona chismosa
Los chismosos exageran y traen las cosas negativas de los demás, y seguro que cuando hablan de nosotros hacen lo mismo. Lo mejor con este tipo de personas es o no darle importancia a lo que nos cuentan.
-La persona pasivo agresiva
Son personas que están calladas, que mantienen una actitud fantástica y que saben estar divinamente pero tienen una gran cólera interna que no se suele notar. De pronto, estando con esa persona nos dice algo que nos deja bloqueados como: “¿Y tú siempre vas con ese aspecto? ¡Te lo digo por tu bien! ¡Espero que no te moleste!”. Actúa con premeditación, suelta esa agresividad contenida y el problema es que no se nota. A personas así hay que ponerles límites asertivos: “Pues perdona, me dices que no me moleste pero si me molesta, porque no entiendo a qué viene este comentario”.
-Todos podemos ser tóxicos en un momento determinado
Si colocamos nuestro dolor en el centro del universo, porque a veces podemos estar sufriendo cargas (si nos echan del trabajo, si nos deja la pareja…). Cómo no ser tóxicos con las personas más cercanas en una situación así, si estamos ávidos de afecto porque todo nos va mal.
-Todos tenemos dentro un Caín y un Abel
Todos tenemos una cosa buena y una cosa mala. La diferencia que existe entre una persona sana y una tóxica es que una la sana, cuando se siente mal, intenta identificar el motivo e intenta solucionarlo haciendo reflexión. Las tóxicas necesitan la consulta del psicólogo pues creen que es lo de fuera lo que no funciona.
Una persona tóxica ¿puede dejar de serlo? Para que eso ocurra el primer paso es que se dé cuenta de que está mal. Nadie se sana si no sabe que tiene que ser sanado.
La envidia, el egoísmo, los celos y la falta de autoestima están ligados a las personas con cualidades tóxicas de las que hay que huir.

