Los primeros signos son de que Hipólito Mejía está en franca recuperación. Es verdad que en política no existen cadáveres. Los dominicanos lo saben por experiencia propia, pero fenómenos como la resurrección de Alan García, en Perú, tras 14 años de ostracismo, son un testimonio fehaciente. Sin embargo, Hipólito salió tan maltrecho de la Presidencia, tanto por la devastadora crisis económica, aunque ésta fuera resultado del colapso bancario, como por la división que provocó en el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) su obstinada repostulación, que por ahora no se preveía su rehabilitación política. El 34 por ciento que obtuvo en 2004 ha sido la votación más baja del PRD en toda su historia. Y en la convención de 2008 no llegó ni a un 20 por ciento. Una simple inflación que el Gobierno no ha podido controlar y la determinación de un amplio sector del perredeísmo de reencontrarse con su pasado histórico posibilitaron lo que a todas luces plantea una rehabilitación de Hipólito. Los alrededor de 517 mil votos, equivalentes al 53 por ciento, que obtuvo en la convención, con todo y que el Gobierno hubiera enviado alguna señal, es una cantidad respetable, y más en un proceso interno, que lo sitúan en muy buena posición. Lo que cuesta determinar es si su recuperación será tan auspiciosa como para competir con posibilidades de ganar las elecciones del año próximo. Es posible que tenga la simpatía para alcanzar los votos, pero todo dependerá de cómo se administre, pero también tanto del curso de la crisis económica que acorrala al Gobierno, como del desenlace del proceso interno del Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Los suyos jamás lo consideraron un cadáver, y cierto es que en política no existe la defunción. Pero la intensidad con que ha calado el jovial exgobernante, abre, sin duda alguna, un abanico de interrogantes. Pero la realidad es que Hipólito está vivo. Y coleando.

