Opinión

Voces y ecos

Voces y ecos

Fulgencio Espinal es  el historiador del PRD  por excelencia. Ha publicado  “Breve Historia del PRD”,  “Imágenes de José Francisco”, “Estudio de la Historia Patria” y  “Peña Gómez: apuntes de la revolución”. Ahora  presenta  “Viejo Roble y  Pino Nuevo”, compuesto por los  ensayos  “Virgilio Mainardi Reyna y José Francisco Peña Gómez: Tácticas distantes y estrategia común”.

Incluye además  crónicas basadas en conversaciones con el político santiaguense, que revelan  detalles valiosos sobre la historia de las luchas por la democracia y al mismo tiempo plasman  la fisonomía moral y política de un hombre –Mainardi- que aún no ha sido dimensionado justamente.

  Esta experiencia, unida a su formación profesional de comunicador social, y a su participación en los trajines del PRD  por  la democracia  dominicana, han dotado a Espinal de una autoridad para reseñar la historia de esa organización  con irrefutable sabiduría, a pesar, como he dicho antes, de que aderece su  trabajo con gotitas de sentimiento y su inocultable marca ideológica.

 El PRD tiene historia y pre-historia.  Juan Isidro Jimenes Grullón y Ángel Miolán son las figuras clave de la prehistoria.  Pero hay que hablar de Mainardi, en cuya casa se fundó el PRD en 1939  y que extendió su militancia hasta la hora de su muerte.

 Tras el derrocamiento del gobierno constitucional, el Presidente Juan Bosch y   Miolán abandonaron el país. Entonces otros viejos robles asumieron la lucha frente al gobierno de facto del triunvirato.  Virgilio Mainardi Reyna y Máximo Ares destacaron entre los dirigentes de ese momento.

 Una diferencia de  criterio con Mainardi respecto a las estrategias  para combatir al triunvirato, mereció la calificación de “pino nuevo” al joven  José Francisco Peña Gómez. En ese momento se movían dos corrientes a lo interno del PRD con diferencias de tácticas en  el objetivo de reponer a Juan Bosch en el poder.

 En 1966, tras la derrota electoral, con el PRD acéfalo por la salida de Bosch y  Miolán, Peña Gómez asumió la secretaría general y   proclamó: “Ya no soy un pino nuevo” y pidió a los delegados a la Convención Nacional designar al “viejo roble”  Mainardi Reyna como subsecretario general.

 Este hecho  no puede juzgarse como un pormenor aislado. El entonces dirigente juvenil Fulgencio Espinal fue testigo presencial y –parafraseando al evangelista Lucas-  “observaba estos hechos y los guardaba en el corazón”. De ahí surge la esencia de su libro.

 La historia se escribe así. Es una mixtura de los grandes hechos y de los pequeños.  Cada detalle es importante.  Espinal  no  ha perdido de vista  este elemento y ha producido estos  relatos que vienen a fortalecer la historia de la democracia dominicana, bajo el amparo de la sentencia ciceroniana  que reza: “La historia es luz de la verdad y maestra de la vida”.

El Nacional

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