Opinión

Voces y ecos

Voces y ecos

Tarde que temprano, el crimen  provocará en su autor una erupción síquica que lo sacará de  orden   y le impedirá el sosiego. El individuo culpable de crimen responde a veces con altanería -mala forma- los requerimientos del tribunal de la conciencia. Puede andar satisfecho y gozoso  por su hazaña, pero  un día lo atrapa una neurosis.

Vivencias  personales non sanctas ocasionan  baldaduras espirituales capaces de modificar la  mente y conducta del sujeto  y tornarlo en un pobre diablo o llevarlo a  un  final trágico. Así  definen los siquiatras  una neurosis, la cual anda   asociada a la culpa. La motivan hechos reales, generalmente reñidos con el buen sentido.

Judas Iscariote era uno de los  doce escogidos por Jesús para establecer su Iglesia. Anduvo con él,  recibió  confianza que otros no tuvieron y hasta en la última cena  estuvo al lado del Maestro. Cuando la cohorte de autoridades salió a buscar al Galileo, Judas, el traidor, estaba con ellos. (Juan 18,5-6).

Cierto es que Judas vendió a su maestro  por treinta siclos y tuvo el descaro de besarlo para indicar a los persecutores que ese era a quien buscaban. Durante la cena, Jesús había declarado: “Mirad la mano del que me entrega que está conmigo a la mesa”. (Lc 22,21-23). La traición conlleva que la acción la cometa alguien tuyo, alguien cercano.

Mateo es el más específico de los evangelistas para hablar de la actuación de Judas. Todos refieren la traición, pero sólo Mateo da detalles tan claros sobre la crisis emocional del traidor.  Al ver la condena de Jesús, el renegado se arrepintió y devolvió el dinero recibido para  realizar su vileza. Quiso protestar por su  conducta,  sintió asco de sí mismo.

Refiere el autor del primer Evangelio que los oficialistas corruptores rechazaron  depositar el dinero en el tesoro y optaron por adquirir con el mismo un terreno para sepultar peregrinos, al cual llamaron Campo de la Sangre. La crisis de nervios del  infame Judas  lo condujo a  tomar  la adecuada decisión de colgarse de un árbol.

En el relato Hechos de los Apóstoles, Lucas cuenta una versión  muy descriptiva. Indica que con el producto de la traición, Judas adquirió un terreno y  “…precipitándose de cabeza, reventó y todas sus entrañas se derramaron y fue público a todos habitantes de Jerusalén…el sitio se llamó Campo de Sangre”. (Hechos 1, 15-19).

La traición política, cuando conspira contra intereses de una colectividad, deviene en  crimen social. Miguel Iscariote Vargas y los  ejecutores de la traición al PRD, habrán de  admitir su falta y  rectificar.  De no hacerlo,  la neurosis podrá arrastrarlos a la condición de pobre diablo, o a lo peor, terminar como su modelo: Judas Iscariote.

El Nacional

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