Quinientos años se han cumplido de la llegada de los padres dominicos a La Española, hecho ocurrido el 10 de octubre de 1510. Para conmemorarlo, la Orden de los Predicadores y la Universidad Autónoma de Santo Domingo han preparado un congreso con la participación de prominentes intelectuales de aquí y de otros países.
Los dominicos son parte esencial de nuestra historia. Y tan ligados hemos quedado a ellos, que el gentilicio dominicano es consecuencia de su influjo. Son llamados también Orden Dominicana, porque fueron fundados por Santo Domingo de Guzmán. Desde sus inicios, orientados hacia persecución de herejías, se identificaron con la figura de un perro incendiando la tierra. Echan fuego.
El escudo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo recoge esta alegoría. Esa academia fue fundada por ellos. En lengua latina señor se dice dominus y perro se dice can. Los dominicos se identificaron como los Perros del Señor, es decir los Domini canis.
Flérida de Nolasco, historiadora de la dominicanidad, escribió el libro Clamor de justicia en La Española, reeditado por el Banco de Reservas con la colaboración de la Sociedad de Bibliófilos. Constituye una pieza fundamental sobre la visión de los derechos humanos aquí y en América.
Es un libro bellamente compuesto en el que su autora refiere los pasos de los frailes dominicos (1502-1795) en la isla de Santo Domingo (llamada brevemente La Española) y sobre los afanes desplegados por estos voceros de Dios para exigir un trato justo para los aborígenes de la isla, sometidos a cruel servidumbre.
Doña Flérida era persona de profundas convicciones cristianas y en este libro lo exhibe a plenitud. Pero de ningún modo contradice el sentido de objetividad que requiere el tratamiento de los hechos históricos, toda vez que se trata, la historia, de una ciencia que demanda similar rigor que las demás.
La escritora refiere con singular entusiasmo la llegada de los primeros frailes: Han llegado a La Española, mensajeros de bendición y amor, los religiosos hijos de Santo Domingo. Habrá lumbre en las tinieblas, habrá palabras de verdad, y voces que clamen en el desierto. A seguidas presenta a fray Domingo de Mendoza, de quien dice era gran letrado, pero descubre el camino de la humildad. Éste capta en Salamanca a fray Pedro de Córdoba. A ellos se agregaron Antón de Montesinos, fray Bernardo de Santo Domingo y un lego, que pronto regresó a España. Córdoba quedó como superior de la nueva comunidad.
Pedro Lumbrera les dio una choza junto a un corral para que en ella viviesen. Los dominicos se habían destacado desde la Edad Media en teología y defensa de la fe católica. Aquí, descollaron por sus clamores de justicia y denuncia de los atropellos a los indígenas.

