Opinión

Voces y ecos

Voces y ecos

En  una hermosa mansión del sector Los Ríos se llevó a cabo una tertulia literaria donde fue comentado el libro  “La apología de las palabras”, del  escritor Juan Carlos Mieses.  Al final del encuentro cada participante fue obsequiado  con la cantidad de aguacates que pudiera coger  en  el maletero del carro de Mieses.

El autor de este artículo, que siempre lleva alguna bolsa, no por si las moscas, sino por si los aguacates, tomó su porción,  y como había presentado la excusa de su  hermano Antoliano –ausente  de la reunión-  cargó con los que le correspondían. El dueño de la casa, prestigioso abogado,  remató lo dejado por académicos, poetas y embajadores.

Días después, una sobrina llegó de mi pueblo natal –Miches- y me llamó para informarme que me trajo unos aguacates, los cuales llegaron a mi mesa, a diferencia de los que me tenía un sobrino que los dejó madurar en su vehículo. Mi vecino Enzo Di Carlo me toma en cuenta cada año para otorgarme una cuota de la cosecha de su patio.

El aguacate es común a ricos y pobres, tanto como el café. Las mansiones de los millonarios  tienen patios que permiten la siembra de árboles, entre ellos el  de la persea americana. Los pobres, en los barrios suburbanos, pueden cultivarlo también.  Los  habitantes  de  apartamentos  no tenemos esa posibilidad.

¿Qué le puede regalar un pobre a un rico? ¿Un  conserje  al ministro, un feligrés al obispo, un raso al general, un obrero al patrón?  Pues aguacate.  Este valioso alimento siempre cae bien. A los poderosos y la clase media les sirve para ampliar sus opciones alimenticias. Para los pobres  funge de   “compaña” o la grasa con que ingerirán los plátanos  o el pan.

En la zona rural dominicana se le ha llamado “chicharrón de bosque”, y este simbólico nombre indica que se le estima  como “carne”. Se trata de un alimento integral, rico en vitamina y nutrientes, con capacidad para prevenir enfermedades, sobre todo el colesterol. Es abundante de grasa benigna.

La República Dominicana es gran productor de aguacate para exportación, pero parece que ante el empuje de México y Estados Unidos de América, no se le menciona en ese aspecto.  Unos dominicanos son traficantes de aguacate hacia Europa y Asia, y les resulta un buen negocio, mientras otros  lo hacen a escala familiar y afectiva.

Recientemente  asistimos al cumpleaños del lingüista Ramón Constanza, en el elegante sector Evaristo Morales. Los asistentes fueron premiados con un suvenir muy original: aguacates  que ofreciera  el poeta Mieses, cultivado en el patio de su casa, después de su larga estancia en Europa. ¡Qué sano y generoso es el tráfico de aguacates!  Si todo tráfico fuera así…

El Nacional

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