Opinión

Voces y ecos

Voces y ecos

 

Rafael Peralta Romero
rafaelperaltar@hotmail.com

 

Realidad lamentable

A dos meses para que finalice el 2013, las cifras de muerte por causa de dengue ya han superado el total de las registradas el año pasado. A principio de octubre se habían contado ochenta personas muertas por dengue en República Dominicana. El pasado lunes un grupo de médicos dijo que se eleva a 120 el total de muertos por esta causa.

Los organismos oficiales han señalado la cantidad de 10,685 casos probables, lo cual se evidencia en la notable concurrencia de afectados en los hospitales públicos y centros privados. Sin embargo, ocho ex presidentes del Colegio Médico afirman que se han registrado más de 25 mil casos de dengue.

El pasado año las cifras oficiales registraron 68 defunciones por esta enfermedad, pero llama poderosamente la atención que el número de afectados con el virus – que fue 3,596- se triplica en lo que va de 2013, y de seguir así la incidencia, indudablemente sobrepasará el triple de 2012. Solo en una semana fallecieran siete personas.

Nadie niega que las autoridades estén haciendo esfuerzos por controlar este mal, que es consecuencia de la pobreza, falta de educación y del abandono. Pero es observable que el número de víctimas no se corresponde con las medidas de control que las autoridades dicen realizar para disminuir la cantidad de afectados.

Las tres cuartas partes de los casos se han concentrado en Santo Domingo, Santiago, Espaillat, Puerto Plata, San Cristóbal, Juan Sánchez Ramírez y el Distrito Nacional. Sólo en Santiago, en un momento se registraron veintisiete niños con síntomas de dengue ingresados en hospital Arturo Grullón de esa ciudad.

Los reportes de la Dirección General de Epidemiología, órgano del Ministerio de Salud Pública, confirman estas informaciones. A final de septiembre y en una semana murieron en el Cibao cuatro niños. Duele tener que admitirlo, pero sería perverso ocultarlo: República Dominicana es uno de los países con mayor mortalidad por dengue.

Aunque se origina en aguas estancadas, en las que crece el mosquito “aedes aegypti”, la enfermedad no tiene miramientos ni se detiene ante la condición social de las personas. Víctima de sus estragos, cayó en agosto de este año el sacerdote Emmanuel Antonio Cruz, de 31 años. Es preocupante la alta tasa de mortalidad por dengue.

Un experto –el doctor Jesús Feris Iglesias- ha sugerido un programa permanente de educación y un mayor presupuesto para que los entomólogos puedan medir la concentración de mosquitos en los barrios y eliminar los criaderos. La presencia del dengue es lamentable, porque es prevenible. La respuesta del ministro de Salud es también lamentable.

 

 

El Nacional

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