El poeta Enrique Eusebio ha muerto. ¿Cómo podré comentar el asesinato de William Florián Ramírez, un estudiante que emigró de su lar nativo a Santo Domingo para convertirse en médico? Una bala de la Policía le tronchó todos los sueños. Murió mientras estudiantes de la Universidad estatal protestaban por la política económica del gobierno.
¿Cómo referir ahora que una maestra, humilde madre de familia en Barahona, fue liquidada por la Policía mientras participaba en un reclamo pacífico? Ángela Moquete y sus vecinos demandaban agua, solamente agua. Pero el nerviosismo policial no podía tolerar semejante afrenta.
República Dominicana se ha llenado de clamores. Se reclama explicación ante el desastre financiero dejado por la administración de Leonel Fernández. Se estima en 187 mil millones de pesos la profundidad del hoyo fiscal. Y nunca se parecieron más lo fiscal y lo fecal. Del hoyo financiero no emana precisamente aroma de rosas.
El principal responsable de la crisis ha suspendido momentáneamente su descansada vida para hablar a la nación. ¿Mea culpa? Jamás. El hombre es pechudo. Mientras cientos de personas protestaban frente a Funglode, negocio particular suyo, Fernández se quitaba la responsabilidad del hoyo financiero.
Quiero referirme a la muerte de Enrique Eusebio, quien dedicó 34 de sus 63 años de vida a la enseñanza humanística en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Profundo conocedor del idioma español, lo aplicó en las aulas, en la meticulosa elaboración de su poesía y en la corrección de textos. Era exigente y riguroso en el manejo de la palabra escrita.
Insisto. Enrique Eusebio ha muerto. La funeraria Blandino, donde fue velado y cremado el viernes nueve, estuvo negada a trasladar el cadáver hasta el recinto universitario, por los sucesos del día anterior. En una sociedad plantada de injusticias, la otra inequidad es que las honras fúnebres de un poeta y educador transcurran bajo un manto de silencio.
Mateo Aquino Febrillet, el rector, hubo de garantizar que todo saldría bien, y la ceremonia, programada para las cuatro de la tarde, ocurrió a las seis. Las autoridades universitarias hicieron guardia de honor. Las poetas Marivell Contreras y Lourdes Batista leyeron poemas de Eusebio. Susana Silfa cantó Así se muere la gente, del poeta René del Risco.
Enrique Eusebio se había separado del vedetismo literario. Trabajaba y escribía. Escribía para el futuro, como señaló en un artículo el poeta José Carvajal. Su discreta muerte evidencia las circunstancias que rodean a la vida dominicana. Y prueba que el dicho de Ortega y Gasset — Yo soy yo y mis circunstancias– se extiende hasta el momento de la muerte.

