Por: Rafael Peralta Romero
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Soberanía y humanidad
Los diarios dominicanos trajeron en sus portadas el pasado miércoles, una carga de buen aliento que hace mucho no se sentía. En su afán de recoger las ocurrencias cotidianas, la prensa se torna en espejo de la atmósfera predominante. Y es obvio que el aire respirado a partir de la sentencia 168-13, del Tribunal Constitucional, ha estado muy pesado.
Tirantez es lo que menos ha faltado en el debate en torno a la disposición con la que se ha pretendido regular de un porrazo la política migratoria en nuestro país. La claque anti haitiana ha esparcido un mal aliento hasta el punto de amenazar a periodistas y quemar publicaciones cuyos autores opinaron en contra del espinoso fallo.
De fuera vinieron también aires impuros, difíciles de respirar, ya de organismos internacionales, como Caricom; ya de gobernantes afectados de bizquera mental como Nicolás In Maduro, de Venezuela. El fanatismo de ciertos grupos los llevó a dudar de la eficacia de la comisión que se reunió en Juana Méndez con su equivalente haitiana.
Contribuye aún más al buen aliento, la disposición del gobierno dominicano de crear una “legislación adicional para dar respuesta a todos los casos no contemplados en el plan de regularización” antes anunciado. De ahí ha de emanar la solución del conflicto. Esa nueva ley deberá aportar el sentido de humanidad que le falta a la sentencia.
Nadie puede pedirle al gobierno dominicano, y menos al Poder Ejecutivo -que es quien participa en las conversaciones con Haití- que deje sin efecto la disposición emanada del Constitucional. Y los comisionados, encabezados por el ministro de la Presidencia, Gustavo Montalvo, de ningún modo han incluido esto en la oferta a los haitianos. Hace falta poner orden a la presencia de extranjeros en territorio dominicano, sin importar procedencia ni color de piel. Pero resulta injusto que a una persona nacida en el país hace 84 años, que sólo ha vivido aquí, que habla el español dominicano, se le niegue la nacionalidad porque sus padres eran residentes ilegales.
El primer diálogo ha sido promisorio. Las conclusiones, aunque prevalezca el aspecto migratorio, incluyen también cuestiones laborales, comerciales, y de medio ambiente.

