La gratitud es una de las cualidades que mejor definen la nobleza de alma. En uno de sus lados se toca con la aspiración de justicia. Pero no se trata de justicia social ni colectiva, la gratitud es una expresión de la justicia individual. Es el reconocimiento que hace una persona a quien le ha proporcionado un favor o le ha brindado una atención memorable.
El doctor Leonel Fernández gobernó República Dominicana en los últimos ocho años y lo hizo como a él le pareció mejor. Satisfizo fantasías personales, llenó precariedades de otros tiempos, gastó miles de millones de pesos en obras cuya inversión final generalmente superaba el presupuesto original. Ayudó a sus amigos, familiares y compañeros.
El ex presidente le dio dos veces la vuelta al mundo. Viajó en avión rentado junto a grandes comitivas, tanto en asuntos de Estado como particulares, pero siempre con cargo a los recursos públicos. Se paseó por los continentes proclamando la bonanza de la economía dominicana, y si se lo creyeron, fue juzgando por la esplendidez en el gasto.
Pero la economía no estaba blindada, como él pregonara. El primero en declararlo fue el presidente Danilo Medina, para cuya elección Fernández dedicó gran esfuerzo político y financiero. Se recuerda que en una ocasión Fernández habló de 40 mil millones de pesos disponibles para promover la candidatura de Medina.
A dos días de su juramentación, el presidente Medina, menos locuaz que Fernández, contó la anécdota de dos gallegos que se encontraron un maletín y se fueron a lugar seguro para abrirlo, creyendo que contenía mucho dinero. Pero la sorpresa fue grande cuando vieron que se trataba de facturas por pagar.
Dejó dicho con esto, el hoy Presidente, que así encontró las arcas públicas. El Fondo Monetario Internacional confirmó más adelante el deterioro de la economía dominicana. El hoyo fiscal encontrado por Medina ha originado la ley de reforma fiscal que les grava a los dominicanos hasta la respiración.
El rechazo a los nuevos impuestos trae consigo demandas de justicia contra los responsables de un faltante superior a 187 mil millones de pesos. Hasta la clase alta ha protestado en calles y plazas. Y eso ha herido hondamente a Fernández. Ante tal situación, ha recurrido a quienes tienen algo que agradecerle para que lo justifiquen. Y ha tenido respuesta.
Unos héroes más costosos que valiosos han salido junto a Fernández a limpiar su nombre profanado por las multitudes. Amigos, vecinos, abogados, artistas de toda laya, y por último y eso sí es grande- un grupo de intelectuales han organizado también un acto de expiación. La gratitud es un bello sentimiento, todo quien tenga algo que agradecer, que venga a desagraviar.

