Medina me da la razón
A un columnista que publica una vez por semana, como es mi caso, en estos días turbulentos del acontecer político dominicano le resulta engorroso escoger el tema a tratar – paradoja- debido a la abundancia de asuntos que flotan en el ambiente. Solo lo que pasa en el partido de gobierno es cantera para mucho escribir.
Me quedo con el discurso que pronunciara el licenciado Danilo Medina el lunes 21 de octubre ante una asamblea del Parido de la Liberación Dominicana. Temo decir que se trató de una actuación del presidente de la República, porque lo que se vio y oyó allí nada parecía a la función de un jefe de Estado.
Aunque yo obviara citarlo como Presidente y el propio Medina lo olvidara por causa de su estado de sofoco emocional, allí habló el primer mandatario de la Nación. Alguien a mi lado me trajo a la memoria a Francisca Viveros Barradas. ¿Quién es esa? Es la intérprete del tema “Rata de dos patas”.
En algún momento, el mandatario justificó la destitución de un funcionario, seguidor de Leonel Fernández, porque irrespetó la figura del presidente de la República. Creo que nadie más que él ha incurrido en esa falta. Círculos de opinión han coincidido en que Medina irrespetó la solemnidad del Estado y a la sociedad.
La desmesura predominó en la disertación del gobernante. El escritor Andrés L. Mateo le contó cuarenta y ocho veces el uso del pronombre yo: “Cuarenta y ocho veces nos estrujó su YO filoso”. (HOY, 24-10-19). Su boca habló de lo que lleva dentro y quería arrojar. Y aun teniendo a Gonzalo Castillo a su lado, declaró: “Yo gano las elecciones”.
El pasado viernes (18-10-19) publiqué el artículo “Autócratas y monigotes”, en el que planteaba que el gobernante autócrata llega a creer las fantasías que en torno a su persona y presuntas dotes excepcionales pregona su coro de aduladores. Una consecuencia de este fenómeno es la disposición de perpetuidad en el poder.
Observaba que el máximo efecto de esa conducta es que el autócrata llega a creer que sus niveles de control social y de los órganos de poder son tan absolutos, que le permiten gobernar a través de otra persona. Cité los cuatro monigotes a quienes el dictador Rafael Trujillo empleó como presidentes de la República.
Danilo Medina me ha dado la razón en una sospecha e induce a decir que él pretende ser el presidente, en caso de que el señor Gonzalo Castillo resulte elegido. Medina no es candidato por impedimento constitucional. De ser presidente, Castillo adquiría la condición de monigote. Su entrenamiento inició el pasado lunes.

