Opinión

Voces y ecos

Voces y ecos

Parque posible:   ciudad posible

El alcalde de Santo Domingo se inclina por los paraísos artificiales, que tanto gustan al presidente Fernández para mostrar  progreso, desarrollo y  modernidades fingidas, mientras los problemas reales atosigan a la sociedad dominicana y la sumergen en la descomposición.

 El llamado parque verde es  muestra de ello.  El alcalde, que nunca  síndico,   ha dispuesto  de 12 millones de pesos para levantar unos horrorosos muñecos verdes con los que  pretende –según su decir- conectar  al pueblo capitaleño con la naturaleza. ¿Naturaleza, dijo?

Dice eso,  y nadie pregunta si está en sus cabales. Y remacha  que tiene un compromiso con la flora. ¿Flora, señor? Su  flora son esos monstruos verdes colocados  en la intersección de las avenidas Abraham Lincoln y John F. Kennedy, donde no aparece un árbol.

Nadie olvida que Roberto Salcedo,  en las dos gestiones que lleva al frente del gobierno de la capital, lo que más ha hecho es derribar árboles en los espacios públicos. Se le ha llamado  el ciclón Roberto. Pero tiene compromiso con la flora, y por eso pinta de verde sus monigotes.

Si las autoridades –y más las electas- escucharan a  la gente, seguro que Salcedo se encontraría con muchos que le dirían que ponga mayor atención  a la más grande área de recreo  de la ciudad, que es también la más abandonada.

El Mirador del Sur es un basural. No hay orden ni seguridad, pese a que cuenta  con  un cuartel de Policía, decenas de guardias municipales y agentes de Politur a caballo. Ninguna autoridad impide a la gente desaprensiva tirar allí basura. La recogida es torpe y medalaganaria.

El área que el alcalde denominó la Canquiña – palos amarillos y columpios-  opera en un terrazo que cuando llueve se torna un lodazal. Este parque sí que necesita ayuda. Ya  varias instituciones lo intentaron, pero el valioso espacio sigue en abandono.

Lo que fueron  atractivas fuentes de aguas, ahora  secas, alojan mosquitos y otras plagas que la lluvia estimula. Árboles tronchados por la sierra de personal municipal,  cristales rotos, botellas vacías pululan por el parque. Pero no parece preocupación de autoridad municipal alguna.

En un ejercicio verdadero de la  democracia,   el alcalde Salcedo consultaría a los ciudadanos  acerca de si prefieren que invierta esos 12 millones  en el grotesco zoológico artificial o en una obra de interés para la comunidad capitaleña. Pero eso no va con  su perfil político.

La ciudad puede seguir sin semáforos en esquinas tan peligrosas como la  Kenendy con Ortega y Gasset. La ciudad puede seguir sucia, ruidosa y caótica, que es la ciudad “posible” que nos ha ofrecido Salcedo. Pero aún así, tendrá un espantoso parque verde, sin árboles. Es el parque “posible”, dirá el alcalde. No es el ideal, como la ciudad  donde vivimos tampoco es la ideal, sino la “posible”. 

El Nacional

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