Opinión

Voces y ecos

Voces y ecos

El hombre que es hábil para una actividad no siempre lo será  para las otras. Es algo muy natural.  Un hombre que compra a trescientos y vende a mil   puede   considerarse avisado para los negocios. Será fácil verlo crecer económicamente  y constituirse en un verdadero potentado, aunque no sepa redactar una carta.

Los sicólogos tienen clasificada la inteligencia en diferentes tipos. El ingeniero Miguel Vargas, presidente del Partido Revolucionario Dominicano,   posee, supongo, la inteligencia analítica-matemática. Su éxito  en los negocios es  ostensible, tanto que sobrepasa  su práctica profesional.

Su desahogo financiero   ha facilitado a Vargas moverse en las aguas turbulentas de la política. Ahora navega sobre una embarcación que hace aguas por las perforaciones que le ocasionara el propio capitán. Es la evidencia de que  su  destreza en la política  anda muy   lejos  de sus habilidades  mercuriales.

 En medio de la crisis que estremece a ese partido, Vargas se permite afirmar que la convención interna  para renovar la dirigencia se hará “cuando se completen los trabajos que le anteceden”. Cita entre éstos la formación de un padrón que garantice la seguridad de los procesos de elección.

 Estima que la elección  podría hacerse en febrero de 2014, aunque  el período para el que fue electo vence  en julio venidero. Así lo certificó  la Junta Central Electoral, a solicitud del propio  Vargas, quien quería demostrar que es, de acuerdo al derecho, el presidente del PRD. Podrá serlo hasta julio 2013.

La sociedad dominicana está clamando  por el retorno del sosiego a ese  gran  partido. Vargas es aspirante presidencial, pero estropea  el instrumento que podría  conducirlo al logro de ese objetivo.  Además,   poco  interés demuestra en poner orden  en la casa. Ignora que todo reino dividido, sucumbe.

Su negativa al diálogo  con los grupos que le  cuestionan  en el PRD resulta clara insuficiencia  de sensatez. Si de verdad es aspirante  presidencial, lógico es que necesita un partido unido. La palabra mágica para resolver la crisis que paraliza a la principal fuerza política del país es: convención.  Pero Vargas responde con  la ira.

Un tipo de inteligencia  permite a unas  personas   entenderse con los demás. Vargas no quiere  -o no logra-  entenderse con la mayoría de  “su” partido y se  echa en contra toda la sociedad que reclama  un PRD  en capacidad   de establecer, desde la oposición,   el  equilibrio que conlleva la democracia

El poeta español   Pedro Salinas,  en su magnífico ensayo sobre la defensa de la carta,   cita un  dicho  popular, según el cual: “En tres cosas se prueba el hombre, en gobernar su casa, en refrenar la ira y en saber escribir  una carta”. Vargas es definitivamente  ducho en los negocios,  pero mostrenco en la política.

El Nacional

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