Opinión

Voces y ecos

Voces y ecos

Después de   cinco años de estudios superiores y de presentar  una investigación  para demostrar  los conocimientos, una joven graduada  en Odontología reunió los documentos exigidos para obtener  su exequátur.

Esos documentos son:  Carta al  presidente de la República  solicitando el exequátur; certificación de grado legalizada por el  Ministerio de Educación Superior;  certificación de grado no legalizada;  certificado de las rotaciones clínicas legalizadas por  el MEESCYT;  certificación de antecedentes penales de la Procuraduría Fiscal de donde reside y acta de nacimiento legalizada.

La joven acudió al Ministerio de Salud Pública con su documentación  al día y la ilusión que proporciona ser una nueva doctora. Pero vaya sorpresa, en la referida dependencia no le aceptaron los papeles. ¿Qué faltaba? Oh,  lo “principal”: la carta dirigida al Presidente  no incluía el término “Excelentísimo”.

El exequátur es la autorización que otorga el Poder Ejecutivo, mediante decreto, “para el ejercicio en el país de todas las profesiones que exijan título nacional o extranjero debidamente revalidado”. Está regulado mediante la ley 111, del 3 de noviembre  de 1942.

Gracias a la displicente actitud de la empleada de Salud Pública que por mandato de sus superiores no recibe la documentación a muchachos y muchachas que se   fajaron a estudiar (Medicina, Odontología, Farmacia, Bioanálisis…)   localicé  la ley 111 y escudriñé en ella para comprobar que en ninguna parte señala lo  de “Excelentísimo” como una exigencia.

La venia para el ejercicio profesional se solicita por vía del ministerio relacionado con la carrera de que se trate. No sé si en las demás dependencias se está exigiendo a los nuevos profesionales llamar “Excelentísimo” al señor Presidente como condición para tramitarle la solicitud.

Si así ocurriera, el irrespeto a los jóvenes profesionales sería generalizado y se podría  colegir que se trata de una política del gobierno. Pero es mejor  creer que ese exceso de adulación se limita al Ministerio de Salud Pública.

El tratamiento de “Excelentísimo” para el Presidente de la República es un timbre del protocolo oficial. Y a nadie le resta nada que si se dirige al jefe del Estado lo utilice. Pero las distinciones no se exigen, las formas de cortesía no se imponen, se ganan.

El MEESCYT  ofrece a los recién graduados  explicaciones  sobre los procedimientos para insertarse  en el mundo laboral  escogido.  Ofrece los detalles propios de la carrera y del gremio que agrupa a quienes la ejercen. Pero en ningún caso señala el requisito de colocar la palabra “Excelentísimo”.

En las prácticas individuales hay derecho a la  adulación, pero  los asuntos de Estado  conllevan otro carácter. No puede ser así.

El Nacional

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