Resulta convulso el ambiente electoral, aunque la convulsión no ha echado a correr tanta sangre. Las lesiones corporales generalmente traen consigo sangrado y posterior infección. Pero las heridas morales provocan turbulencias en el ánimo que pueden provocar daños similares o mayores.
Los dominicanos más optimistas ven que todo marcha bien en el proceso electoral. Basta con que al Partido Revolucionario Dominicano le hayan asignado la casilla número en la boleta que le corresponde- y que se haya designado una gerencia de informática en la Junta Centra Electoral.
Preocupa que la institución llamada a servir como ente de moderación y propiciadora del entendimiento en la clase política, se torne en generadora de desazón. La JCE tiene a gran parte de la población con la moral por el suelo.
El menoscabo de la resolución 07-2012, por medio de la cual el Pleno de la JCE dispuso transmitir a partidos políticos y medios de comunicación las actas procesadas de los colegios electorales, conduce a prestar menos credibilidad a la entidad que arbitra el torneo electoral.
La desconfianza puede colmarse con el rechazo por parte de la JCE de algunos observadores designados por Participación Ciudadana.
El vínculo político de la mayoría de los miembros de la JCE con el partido de gobierno es inocultable. Lo más notorio no es que hayan pintado con los colores del PLD el edificio de la institución. Lo peor es la complacencia, sobre todo del presidente, doctor Roberto Rosario, hacia las directrices de ese partido.
El PLD retuerce toda norma en pro de sus intereses. Dispone de gran capital para la campaña política, sin importar medios a emplear. Pero la Junta no ejerce ningún control. Ese partido usa los recursos públicos delante de los ojos de todo el mundo y nada pasa.
Como todo lo corrompe, el PLD ha desacreditado el sistema de encuestas, incluidas las que han disfrutado de aceptación. A fuerza de encuestas, vende al público la percepción de que tiene la preferencia del electorado, pero no porque sean tontos. Parece que planean algo no santo.
El PLD intenta apabullar con su aire triunfal, pero aún así tienen al presidente de la República en la calle haciendo lo que debe hacer el candidato presidencial. Todo el gabinete caravanea más que trabajar en sus funciones. Conocen del rechazo del pueblo, pero persisten.
¿Qué persigue el PLD con el relajo de las encuestas? ¿Qué hará cuando vean los resultados de la consulta definitiva? Hay un pez que enturbia el agua cuando se dispone a atacar. No sé con qué fin, pero el PLD enrarece el ambiente.

