Ficción y realidad se suponen conceptos opuestos, pero no hay que creer que lo sean en término absoluto, pues se complementan y se alimentan recíprocamente. Hay un realismo que se torna surrealismo, y lo es sin necesidad de manifiestos ni elaboraciones filosóficas.
Los autores literarios gastan esfuerzos en la creación de hechos, situaciones y personajes para construir sus obras: novelas, cuentos, teatro o cine. Muchos desdeñan la materia prima, a veces elaborada, que ofrece la realidad. Creo que yerran.
La fascinante historia de Cruz Bartolo Álvarez parece ficción, pero es realidad. Álvarez ha sido colocado como juez de la Atención Permanente del Juzgado de Primera Instancia de Hato Mayor. En el patio de su casa tiene una mata de mangos y nada raro debe ser que un magistrado guste de ese apetitoso regalo de la tierra.
Coincide con Martín Garata en lo de alto rango y en que el mango es una fruta grata. Pero mientras Martín prefiere los mangos bajitos, el magistrado tiene la osadía de treparse sobre una casa para alcanzar los frutos del cogollito.
Lo sub real en el comportamiento del juez Álvarez consiste en que según un reporte periodístico- se encaramó a la casa de una vecina para desde allí poner los mangos bajitos. La protesta de un hijo de ésta fue interpretada como falta de respeto a la investidura del funcionario.
De este modo, Odalís Batista fue a parar a la cárcel. El presunto agraviado se querelló ante la autoridad él mismo- y ésta dispuso la detención del agraviador, quien en realidad debió ser el querellante. La conducta de Álvarez es una extensión de un distorsionado concepto de autoridad que ostentan algunos servidores públicos.
Parten de la idea de que el poder es para usarlo. Odalís Batista es director de un canal de televisión en Hato Mayor. Seguro el juez se ha percatado de que está en boga desde el poder intimar -o intimidar- periodistas y medios de comunicación como forma de que molesten menos.
El derecho consuetudinario reglamenta el provecho de los frutos de árboles plantados en patios colindantes. Cuando una rama se inclina para el patio vecino el dueño del mismo podrá tomarlos sin riesgo de que se cuestione su honestidad.
Álvarez desconoció esa norma de convivencia y de paso incurrió en abuso de poder, cuando mandó a prisión a quien el magistrado había agraviado. Con el caso he recordado la comedia La torre sobre el gallinero, de Vittorio Calvino, en la que un ciudadano pretende construir una torre sin importar los intereses de sus vecinos.
El presidente de la Suprema Corte de Justicia, Jorge Subero Isa, ha aclarado que Cruz Bartolo Álvarez no es juez titular, o sea un juez real. Si no es real ha de ser irreal o fingido. Por eso la disipación de Álvarez me motiva a aprender de Cervantes para titular este artículo, pues entre sus muchas novelas el autor de Don Quijote escribió La tía fingida.

