Opinión

Voces y ecos
Un grito desesperado

<STRONG>Voces y ecos<BR></STRONG>Un grito desesperado

El lado más noticioso que vieron los medios de comunicación  en el discurso pronunciado  el martes pasado  por el  vicepresidente de la República, Rafael Alburquerque,  fue que no declinó a su precandidatura presidencial por el Partido de la Liberación  Dominicana. Pero él no se ha preguntado por qué  la opinión pública entendió que el motivo de la alocución sería el anuncio del retiro.

Alburquerque se envalentonó  y habló en forma enfática para advertir a sus  partidarios  sobre la necesidad de impedir el triunfo electoral de Hipólito Mejía, del Partido Revolucionario Dominicano. De este modo intenta colocarse donde el capitán lo vea, porque ha comenzado a sentir un sentimiento de orfandad ante la declaración de neutralidad del presidente Leonel Fernández y  el poderoso grupo que promovió su repostulación.

El Vicepresidente  fue una vez jefe político del  Presidente, pues  fungía de  secretario general del PLD cuando Fernández era un militante desconocido. Los papeles se han invertido y el antiguo profesor universitario ve en su ex alumno algo más que la tabla de salvación para alcanzar la candidatura presidencial.

 “En tus manos encomiendo mi espíritu”, parece que clamara. Y con gestualidad bien ensayada proclama la amenaza  que pesa sobre el país con el retorno del PRD al gobierno.  El objetivo es colocar a la masa peledeísta  en situación  de pánico  a fin de que  con los brazos abiertos le pregunten: ¿Y ahora, quién podrá salvarnos?

 Alburquerque habló por una cadena de radio y televisión, pero no ha explicado a la nación  quién cargó con  el costo. Por ahí fue que dijo clarito que es  “inaceptable permitirle al enemigo que avance”.

Cuando dijo “enemigo” no se refería a la corrupción estatal ni al tráfico y consumo de drogas ni al analfabetismo ni a la  descomposición que corroe nuestra sociedad ni a la peligrosa  delincuencia que azota  de noche y también de día. Tampoco hablaba de la haitianización que nos acecha. No, el pretendido continuador de la obra de  Fernández, y por tanto de todo lo que abunda ahora, se refería al PRD.

Para que después del  primero vaya el Segundo, Alburquerque solicitó a sus seguidores  detener la “amenaza” del retorno del gobierno del PRD. Tanta  vehemencia puso en estas palabras que  resultaron un verdadero  grito desesperado. Así se titula  una obra de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, la cual   consiste en un relato que ofrece esperanzas para quienes están en apuros.

Aunque a Alburquerque no le gusten las enseñanzas de Juan Bosch, me permito recordarle   el ejemplo del muchacho bizco que huía de un toro  bravo y al llegar a una casa vio dos ventanas y se lanzó por la que no era tal, pero en eso lo atrapó el toro  verdadero. Me temo que  Alburquerque intenta entrar  por la ventana que no es  y   está por atraparlo  el toro que es.

El Nacional

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