Votaremos por algunas y algunos que, aún formando parte de la cultura del desconcierto político impuesta por sus partidos, mantienen posturas y honran compromisos con el pueblo. Las candidaturas para elegir son pocas, pero son, a pesar de militar en partidos mediocres por la avaricia del poder.
Son opción, pese a una jerarquía eclesiástica católica cada vez más envilecida por no perder privilegios perpetuos que la malcriaron hasta hacerla un esperpento alejado de sus propias divinidades y del encargo de Amor que les dieron. Purpurados y aspirantes cuyos excesos tapan entre sí para seguir decidiendo categorías de pecados y pecadores, excusándose sin razón porque creen burlarse del mundo entero.
Apostamos por Milagros Ortiz como senadora, política sana y demócrata demostrada, frente al candidato que se alió con la jerarquía vernácula en plena transmisión, asegurándole a la curia representada en el Congreso, su triunfo. Un presidente del Senado que asegura la preeminencia de un pacto endemoniado contra las mujeres, mientras dilapida los recursos de nosotras en una campaña ostentosa y artera, con movimientos de apoyo encabezados por sus más cercanos familiares.
Apostamos a tener diputadas como Minou Tavárez, Magda Rodríguez, Agne Berenice Contreras, Gilda Moronta, Mirtha Pérez, Josefa Castillo, Karen Ricardo, Lethi Vásquez, Juana Vicente, Ysabel de la Cruz, Elba Lugo, junto a otras que se postulan por primera vez y a algunas que dejamos ir -como Isabel Bonilla- porque sobresalen en un panorama democrático complejo para las mujeres todas, que necesitamos representación sincera, transparente y por la democracia.
Apostamos por congresistas como Wilton Guerrero, Demóstenes Martínez, Julio César Valentín, Miguel Bejarán, Julio Brito, Domingo Colón, Juan Compres, José de la Rosa, Manuel A. Díaz, Prim Pujals, Juan Encarnación, Rubén Maldonado, Abraham de la Cruz, Alfonso Montás, Franklin Peña, Juan A. Pérez, Nazario Rizek, Rafael Santana, Juan José Rosario, Gustavo Sánchez, junto a otros que se postulan por primera vez -como Raúl Martínez en Santiago- porque además de desafiar por incluir, entienden que las diferencias de género son para compartir, no para avasallar. (Destacamos a Wilton Guerrero, porque enfrenta la corrupción más allá de las palabras y a riesgo de su vida).
Estas pocas personas que presentan una opción, nos recuerdan a quienes quieren repetir su buen tiempo en el Congreso, políticos atiborrados de dinero fácil, nuevos ricos que exhiben su falta de ética, mientras se burlan, barrilito en mano, del pueblo. Como el Chino de La Vega, cuya fórmula para abortar, escaleras abajo, fue santificada con el silencio y la conformidad del dinero que sigue circulando entre la política y la Iglesia.

