Luego de la realización del drama Hermafrodita, del video clip en la zona colonial y apartando un espacio del afán que le impone el rodaje de la película de Los Hermanos Rosario, Albert Xavier entrega una historia familiar, hermosa, emotiva y tranquila, tal cual es el mar azul frente al cual se desarrolla. Apoyado únicamente en dos talentos (la camaoleónica Isabel Váldez (la nieta) y un Miguel Angel Martínez al que saca el adecuado provecho histrónico en su papel de Abuelo, Xavier cuenta una historia con muchas palabras. El haber usado imágenes referenciales no le habrían hecho mal. Al contrario, puede que la técnica seleccionada haya sido la de recurrir al parlamento nostálgico, pero usar el recurso visual, más allá del signo escrito en el guión y el maquillaje progresivo para marcar el paso del tiempo, probablemente el mejor de los recursos técnicos junto a la calidad de la fotografía y la forma de marcar visualmente el paso del tiempo, son los logros más significativos de este corto, que deja ver, pese a su limitado uso de la imagen, que el corto es un género que permite la expresión de la calidad fílmica.

