Si el senador Charles Mariotti plantea una mayor fiscalización del Poder Legislativo, lo que define como una tarea pendiente para fortalecer el sistema democrático, es porque la supervisión es mínima. Con un cuerpo que administra tantos recursos y que ha sido duramente cuestionado por programas tan infames como el barrilito, a través del cual los senadores reciben millonarias subvenciones para supuestas obras caritativas, intriga que se tenga que urgir una mayor fiscalización de sus operaciones.
La experiencia es que de nada han servido auditorías de la Cámara de Cuentas que han detectado alarmantes irregularidades en donaciones sin soportes que las sustenten.
Pero de escándalos como el supuesto soborno de tres millones de dólares que habría recibido un senador para la aprobación de un préstamo no se sabe si siquiera ha sido investigado. Se supone que ha sido de la distribución de los recursos la fiscalización del Poder Legislativo que ha solicitado el senador por Monte Plata.

