Opinión

Y no todo es amor

Y no todo  es amor

Quizás la primera característica del amor es una instintiva protección del otro, a veces asistida por la buena voluntad de los buenos, o del mundo espiritual, (que te advierte de malas intenciones y complots de todo tipo y a todo nivel); o simplemente del sentido común.

Porque el amor, más allá del encantamiento con el otro es, a veces, hasta el protegerle de sí mismo, de su ignorancia u osadías, de sus malas asociaciones, de su ingenuidad o posible descaro, de su suicidio moral, vía las malas acciones, o malintencionadas asesorías.

El amor va más allá de las declaraciones, logos, o intereses materiales y ese desinterés es el primer requisito que una mujer evalúa cuando un hombre se le acerca. ¿Por qué le intereso? ¿Qué nos aportamos mutuamente para el crecimiento intelectual, profesional, o moral de cada uno? Más allá de toda especulación familiar o colectiva, que generalmente tiende a ser pequeña, desinformada, mezquina, o interesada.

Ese amoroso sentido común es el que permite caminar con confianza junto a otro, sabiendo que lo único que importa al final de nuestra vida son nuestros hechos, porque a la tumba regresamos como vinimos, totalmente desnudos, algo en lo que hay que pensar todos los días para no comprometer nuestro paso por lo público con pequeños o grandes actos de corrupción, desde los contratos para la venta del ajo de Valle Nuevo, hasta la venta de nuestra palabra en defensa de lo indefendible, de los recursos colectivos, o de un Partido.

Pensar que el tedio nos hace imbéciles es un gran error, y tratar de encubrir actos de administrativa estupidez con acciones apresuradas que ahonden en anteriores injusticias algo peor.

No se progresa desde el despojo de una función a una persona honesta a su descrédito, vía la circulación desautorizada de apresuradas mentiras y la movilización de desacreditados miembros de la prensa pagada nacional, que todos conocemos. Y eso no se hace no solo porque es una injusticia, sino porque existe algo que se llama Ley del Karma, y todo lo que va viene.

Y el amor, cuando es verdadero, eso lo sabe y actúa en consecuencia, protegiendo a otro u otra hasta de sí mismo o misma; fomentando la cordura donde existe la soberbia; ponderando desde las aristas del conocimiento lo que puede producir la ignorancia o la mala asesoría; colocando al otro u otra en una dimensión que le ennoblezca.

Eso no se aprende de la religión, quizás si del temor a Dios, o como se llame esa energía que asegura que todo lo que va vuelve y de demostrarnos que toda ganancia, mal habida, es un barato intercambio de nuestra trascendencia.

El Nacional

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