La película Avatar, de un avance tecnológico que fue inventado en 1927 pero se popularizó en la década de los años 50, ha puesto sobre el tapete del Séptimo Arte y de la República Dominicana el nombre de la estadounidense de origen dominicano (y con mucho orgullo) Zoé Saldaña.
Y con esta nueva genialidad del director y escritor James Cameron, el mismo de Titanic, tenemos una nueva entrega de los famosos premios de la Academia de Arte y Ciencia Cinematográfica, los prestigiosos Oscar.
El premio Oscar viene a ser una especie de premio Nobel del mundo del espectáculo, que proporciona fama, cotización, reconocimiento internacional, dinero, elogios hasta más no poder, adulación y conquistas de todo género.
El caso es que nuestra Zoé Saldaña tiene un rol protagónico e histórico porque Avatar se convirtió en la película más taquillera de la historia del cine, superando a la citada Titanic, las dos de James Cameron, influyente y brillante hombre del celuloide que se erige como el protector de la talentosa estadounidese-dominicana a la que esperan muchos años de triunfos en el difícil Hollywood.
Claro, María Montes, la Reina del Tecnicolor, barahonera ilustre y criolla de pura cepa, nuestra gran embajadora en el cine de los Estados Unidos y de Europea. Ireemplazable, inigualable, única, insustituible y máxima expresión del triunfo dominicano en el extranjero, más o menos a la par del gran Eduardo Brito.
Pero… es bueno recordar, a propósito de estos triunfos de Zoé Saldaña, al puertorriqueño Rafael Campos, que murió joven pero que triunfó en Hollywood al lado de figuras como Glen Ford, Sidney Poitier, Robert Wagner, Gilbert Rolando, Ferry Moore, Donah Washington, etcétera.
Y recordar al niño Juan Adames (¿qué se hizo?), el mismo rescatado por Gina Rowland de una lucha entre pandillas latinoamericana en Gloria, dirigida y escrita por su marido, el gran director y actor John Cassavettes.
Y poner la memoria al lado de otro dominicano: Rolando Barrera, que actuó junto a Bob Hoipe, Gloria eterna del cine en Pale Horse, entre otras presentaciones.
O José Antonio Salcedo Delgado, que no es otra que el crítico y fotógrafo José Jasd, el que recuerdo en Bandido, entre otros filmes.
Y algo para Niobe Billini en México, los mellizos Hernández en Argentina (incluso junto a Carlos Gardel en Luces de Buenos Aires), el propio Brito en Checoeslovaquia y Hungría, etcétera.

