El alcalde levantó el rifle y apuntó hacia un árbol, y haciendo un disparo dijo: ¿Cómo es posible que una niña de ocho años ande por este bosque montada sobre un enorme lobo sin que nadie sepa quien es ni de donde vino? Eso hay que acabarlo.
-Bien dicho señor alcalde, pero tenga en cuenta que no podemos dispararle al lobo estando la niña sobre su lomo le dijo uno de los tres hombres que lo acompañaban-.
El alcalde miró al hombre con dureza y le dijo: Se hará lo que yo diga. ¿Entendido?.
Los cuatro hombres comenzaron a caminar por el bosque buscando a la niña y al poco rato la vieron montada sobre un enorme lobo que bebía agua de una laguna, entonces se le acercaron con cuidado y el alcalde le dijo:
-¿Quién eres y por qué montas a ese lobo?.
-Soy la reina de los lobos dijo la niña-, y vivo en este bosque desde hace cien años.
-Que bien dijo el alcalde-, entonces eres una reina de cien años, explícame eso.
Hace cien años, un gran árbol de este bosque se cayó y mató a mi madre dijo la niña-, yo estaba con ella y quedé atrapada entre las ramas, y hubiese muerto de no haber sido por una manada de lobos que me ayudó a salir, y como no tenía a nadie más en este mundo me quedé con ellos y me convertí en su reina, y desde ese día no he envejecido nada.
El alcalde señaló a la niña y le dijo con ira:
-Y si todo eso es mentira, si no eres ninguna reina y solo eres una niña mentirosa que crió a ese animal que yo voy a eliminar ahora mismo, ¿dónde está tu familia chiquilla mentirosa?
Entonces la niña sonrió y dijo:
-Una parte de ella esta detrás de ustedes.
Los cuatro hombres miraron hacia atrás y vieron a una veintena de grandes lobos agachados en posición de ataque, como esperando una orden para dar el gran salto.
-Un silbido mio y sabrán lo que es un lobo dijo la niña-, así que adelante, señor.
-¡Por favor, perdóname reina! dijo el alcalde soltando el rifle-, fui un estúpido, y nos marcharemos y no volveremos jamás, eso yo te lo juro, reina de los lobos.
La niña ordenó a los lobos que se hicieran a un lado y los cuatro hombres hicieron reverencia y se marcharon apresuradamente, y luego un gran aullido se escuchó en el bosque mientras la veintena de lobos corría velozmente detrás de su pequeña y amada reina.
(Cuento escrito por Alfonso Demorizi Romero).

