La ardillita tiene hambre
A una pequeña ardillita le llegó el frío invierno sin provisiones, por lo que comenzó a recorrer, de manera desesperada, todo el amplio bosque en busca de algo de alimento.
-¡Ha sido muy golosa, amiga mía! – le dice el viejo roble, frente al cual ella escarbaba en busca de algunas nueces.
-Durante el verano y el otoño debiste ser previsora y guardar alimento para el invierno, insistió el árbol.
-¡No volverá a pasarme! responde la pequeña ardilla lloriqueando.
– Mira debajo de esa piedra: es un escondite en el que puse bellotas y nueces para los imprudentes – le dice el viejo roble.
-¡Muchas gracias! -dice la ardillita agradecida, no sin antes prometer que para el próximo invierno tomaría la previsión de guardar comida para la temporada fría.
La moraleja es que cuando tengamos algo en abundancia, no debemos gastarlo de manera alegre sino que tenemos que guardar para las temporadas de escasez.

