Crónica de un policía
Braulio, el policía automático más viejo de la comunidad, escuchó este extraño diálogo entre un coche que estaba mal estacionado y una de las grúas del ayuntamiento.
– ¡Buenos días, coche rojo! estás mal aparcado.
– Sí, es verdad, lo siento mucho, pero yo no tengo la culpa, mi dueño humano me ha dejado aquí porque se me ha acabado la gasolina sin plomo.
– Lo comprendo, pero las ordenanzas municipales dicen que tengo que llevarte al depósito de coches del ayuntamiento.
– No seas mala, grúa guapa, mi dueño está a punto de regresar con un bidón de gasolina, además tengo el motor un poco cansado, creo que estoy averiado.
– Pero aquí no puedes quedarte, ¡está prohibido aparcar!
– ¡Mira grúa!, por allí llega mi dueño con vitaminas para mi motor.
– ¡Está bien! puedes marcharte, pero otro día procura no aparcar en un sitio prohibido.
– ¡Muchas gracias, grúa guapa!
– ¡Hasta la vista, coche rojo!
(Teresa Briz Amate, Francisco Briz Amate).

