¡En el campo reina un silencio sepulcral! Toda la naturaleza parece verse afectada por el frío.
Sólo los cuervos, con sus graznidos cavernosos, nos hacen recordar que aún queda un poco de vida.
Uno de ellos dice:
– Hoy atacaremos ese montón de basura. Estará lleno de larvas y de gusanos..
Eso le emociona. Le encanta urgar en la basura.
– Tenemos que comer todo lo que podamos comenta un cuervo que anda cerca-.
El cielo está gris y parece que quiere nevar. ¿Qué vamos a comer entonces?
– Nos iremos a picotear por las granjas sugiere un cuervo avispado.
– ¡Ah, no: eso sí que no! responde su compañera-. La última vez que metí las patas en un corral me atacó un gallo malvado.
Es mejor que vayamos a los jardines, porque yo con un gallo no me vuelvo a enfrentar.
Se hace tarde. Los cuervos se agrupan y se van a dormir. Unos se alojan en la parte más alta de la vieja torre: otros en la copa de un árbol.
Pero ¡qué escándalo! ¡No hay manera de hacerlos callar! Bien entrada la noche, continúan con sus parloteos.
Otros se dedican a dar vueltas por el cielo negro, molestando así a sus vecinos.

