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Zoom turístico: Turismo RD expectante

Zoom turístico: Turismo RD expectante

Héctor Minaya

Mientras los tambores de guerra resuenan en el Medio Oriente, las repercusiones se podrían sentir a miles de kilómetros de distancia, en las playas de Punta Cana y los hoteles de Puerto Plata. La crisis geopolítica que involucra a Irán no es solo un tema de defensa y seguridad internacional; es, en esencia, un factor determinante para la estabilidad económica de la República Dominicana, cuyo motor principal es el turismo.

Hay tres pilares de este impacto y el posible «efecto refugio» que podría experimentar el país.
Primero. El «shock» de los hidrocarburos y el costo de volar.

Este impacto más directo y voraz se refleja en el precio del petróleo. Irán controla indirectamente puntos neurálgicos del comercio energético mundial. Ante cualquier cierre o amenaza en el Estrecho de Ormuz, el precio del barril de crudo tiende al alza inmediata.

Para la industria turística dominicana, esto se traduce en un incremento del «jet fuel». Las aerolíneas, que ya operan con márgenes ajustados, se ven obligadas a trasladar estos costos a los boletos aéreos. Un vuelo más caro desde Nueva York o Madrid reduce la competitividad de los destinos de larga distancia como el Caribe frente a opciones domésticas en los países emisores.

Segundo. La Inflación en los mercados emisores.
El turismo es un bien de consumo discrecional: es lo primero que las familias recortan cuando el costo de la vida sube. Si la guerra en Irán provoca una escalada inflacionaria en Estados Unidos y Europa —nuestros principales mercados—, el presupuesto para vacaciones se ve comprometido.

Pérdida de poder adquisitivo: Con la gasolina y la calefacción más caras en el norte, el turista promedio opta por estancias más cortas o pospone su viaje.

Incertidumbre financiera: La inestabilidad global suele fortalecer al dólar, lo que encarece el destino dominicano para los visitantes europeos y canadienses.

Tercero. Costos operativos y subsidios internos.
A nivel local, el desafío es doble. Por un lado, los hoteles enfrentan un aumento en sus costos operativos (electricidad, transporte de suministros y alimentos importados). Por otro lado, el Estado dominicano se ve presionado a mantener los subsidios a los combustibles para evitar que la inflación interna afecte el consumo nacional, lo que resta recursos que podrían destinarse a la promoción turística internacional.

El Caribe se percibe hoy como una ‘zona de paz’ geográfica, lo que podría mitigar parte del impacto económico negativo mediante el desvío de flujos turísticos.

Efecto refugio
A pesar del panorama sombrío, existe una variable psicológica en el viajero internacional. En tiempos de guerra en el Mediterráneo oriental o el Medio Oriente, destinos como Egipto, Turquía, Grecia o Jordania suelen sufrir cancelaciones masivas por su proximidad geográfica al conflicto.

En este escenario, República Dominicana emerge como un destino seguro y alejado. Si el país logra mantener una estrategia de precios competitiva y reforzar su imagen de estabilidad, podría captar una parte de ese flujo de turistas que busca alejarse de las zonas de tensión, compensando parcialmente la caída del turismo convencional.

El impacto de la guerra de Irán en el turismo dominicano es una carrera de obstáculos. Mientras que el aumento de los costos de transporte es una amenaza real, la condición del país como un oasis de tranquilidad geográfica sigue siendo su mayor activo.

La clave para 2026 será la agilidad del sector privado y el Gobierno para adaptar sus ofertas y garantizar que, a pesar de los precios, República Dominicana siga siendo la opción preferida en el hemisferio.