¿Qué Pasa?

“Matices  Caribeños”

“Matices  Caribeños”

“El campesino quiere un guardián en sus cultivos”, dice Alberto Lestrad al hablar del espantapájaros,  tema de su colección “Matices del Caribe”, abierta  hasta principios de agosto en la sala de arte Ramón Oviedo, del Ministerio de Cultura.

El conocido artista plástico, hombre de ciudad, narró que fue su amigo Nazim Alemany junto a su hermano, quien le llevó a conocer la región Sur y especialmente Pedernales, donde se topó con el espantapájaros y comenzó a investigar con los campesinos. “De ahí empieza mi balance espiritual entre la naturaleza y el hombre, que fui desarrollando y puse a jugar un rol social, que no es más que el campesino cuando emigra, abandona el campo  y se inserta en el mercado laboral” sostiene.

 Lestrad subraya el impacto  que fue caminar por los campos del Sur que nunca había visto. “Un campesino me dijo: Si nosotros pudiéramos tocarlo con una varita mágica (al espantapájaro) y hacerlo humano, lo haríamos”.

El artista plástico señala que ahí inició su balance espiritual entre la temática que trabajaba desde 1979, sobre la “Crucifixión del hombre por el hombre mismo” en la que se involucró tanto que le estaba haciendo daño. “Fue como desintoxicarme  de la temática  trabajaba”, dice, un ambicioso proyecto de más de 80 murales paneles. Del colorido de sus obras, dice con sencillez “nací en el Caribe”, aunque advierte que le llevó tiempo buscar sus raíces y reconoce la influencia de pintores europeos y norteamericanos y cita a Picasso,  que decía que “un buen pintor es aquel que sabe robar.

 Sin embargo, trabajando en American Airlines conoció a muchos artistas europeos que venían regularmente  al país con el objetivo de captar el colorido del Caribe, lo que fue el punto de partida para revalorizar su entorno. Con los espantapájaros y escenas de la cotidianidad criolla, Alberto Lestrad muestra en un estilo propio, definido,  el colorido del Caribe, colores fríos y calientes.

   Desde tiempos inmemoriales el hombre protege sus cultivos con estos muñecos, que el campesino dominicano  ensambla con palos y rellena usando todo tipo de desechos.

El Nacional

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