Opinión

25 horas cada día

25 horas cada día

El licenciado Guillermo Sánchez, es un destacado hijo de San Cristóbal, de amplio historial cívico, de afanes sociales, culturales, deportivos, con 27 años  como catedrático de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, y actualmente  auditor de la Superintendencia de  Bancos de la República.

Recientemente puso en circulación en nuestro glorioso pueblo su libro de poemas “25 horas de cada día”, que hizo llegar a mis manos, por lo que hoy expreso agradecimiento a su fina y acostumbrada gentileza.

Los poemas de Guillermo son evocadores de las cerezas de Eros y Cupido, de realidades vivenciales, de sueños y anhelos, y los hilvana, cual soñador, con los fulgores del amor, del dolor, de luceros, de nostalgias, de esperanzas y de ternuras.

El prólogo enjundioso del licenciado Milcíades Díaz Santil, anuncia lo que habrá de sentirse al leer los poemas.

En el poema “Lo que eres”, refiere: “Contigo está la primavera / pero además / eres verano / Eres sonrisa / eres alegría / eres llovizna / también rocío”.

Y así, “Le pido poco o mucho” escribe: “De cada minuto tuyo / quiero 61 segundo / 61 minuto de cada hora tuya / 25 horas de cada día / de cada semana dame 8 días/ y también te pido el siglo entero / globalizándonos de amor / con el inicio de este milenio / y así seré un alfil de tu ajedrez”.

En “Flores malchitas”, con el tedio del desamor, dice: “Las flores que ansiaba a ti entregarte / al fin y al cabo murieron juntas / al fin y al cabo todo acabó. / Las rosas hermosas que a ti entregaba se marchitaron / envejecieron y al fin murieron / sin que pudieran hablarte a ti de arte / ¡Cuantas veces por ti mi amor murió!

En su prosa “Pasará la tormenta”, expresa: Los negros nubarrones que dejaron sus nubes / muy pronto pasarán / mi cielo lucirá despejado y calmado / continuando mi vida / con un nuevo mañana / y  brisas pasajeras recibirán mi arma/ la tempestad insensible que lograste lograr se ha disipado toda/ y mares tranquilos sin ti/ prometo navegar/

Cual triunfador de ráfagas adversas Guillermo trasluce en mármol de fe, sublime, sinfonías radiantes y arcoiris de auroras, al genial Osvaldo Bazil, en “La cruz triunfante”, la exquisitez de nuestro Sócrates Barinas Goiscou, y al grandioso e inolvidable amigo Juan Sánchez Lamouth.

En su verso “La alergia”, este cantor con fibras de intimidad dice: “Yo tengo una alergia que no se me quita / quiero pa´ sanarme los besos de Juanita. / Esta alergia mala / esta alergia cruel / se  sanará con los besos de Mariel”. El doctor me dijo que tengo remedio. Que enamore a Karen/ que enamore a quien/ por eso me llevo a cualquiera/ no importa quien.

Evocando sutilmente un nuevo amor, en “Pido que…” el poema dice: “Te pido que tus olas bañen mi playa / tu buque toque mi puerto. / Tu hoguera me de calor / tus aguas rocíen mi huerto / ¡Pido, por tanto, ser toda mía! / Que conjuguemos el verbo amor en el presente / pensando al fin en el futuro. / ¡Por mi parte promete que te querré toda la vida ¡”

¡Guillermo Sánchez, renacedor de corazones, las musas te a acompañan, cual vergeles dorados, y tu numen se alza como tu canto: 25 horas de cada día, mis parabienes, dilecto compueblano.

El Nacional

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