Hace 57 años, cuando supo que estaba embarazada del sexto hijo, no concebía que su vástago naciera bajo los aires de opresión de los precedentes. A sus 94 primaveras, conserva aquella voluntad férrea que la hacía inclinar de manera natural por la democracia y abominar de lo que supusiera dictaduras.
Durante toda su vida ha debido luchar contracorriente en su intimidad al rechazar de manera discreta, pero firme, las adhesiones políticas de su marido y de buena parte de su familia.
Militante ideológica de las acciones por la finalización de la satrapía. Participante de primera línea en las honras fúnebres ante la tragedia que enlutó para siempre a la familia Mirabal. Presente en el sepelio sigiloso del esposo de Minerva, despedido en el cementerio de su pueblo bajo la oscuridad de la noche, acompañando el cadáver acribillado solo los valientes que se atrevían a desafiar el terror de una remanencia que llegó a límites insospechados, iniciados con la alevosía que implicó la propuesta de paz formulada a Manolo como estratagema para asesinarlo junto a compañeros indefensos.
Por eso celebró, aunque bajo la prudencia que le imponía su entorno, la sorpresiva noticia de que El Chivo había sido abatido por un puñado de intrépidos que se atrevieron a dar el paso, sin imaginar la magnitud de la crueldad en la venganza que sobre ellos recaería.
Su euforia de esperanza no hacía más que desdibujarse ante el curso de acontecimientos que le parecían inadmisibles. No podía creer que tantos esfuerzos, haber asumido tales niveles de riesgos y los elevados sacrificios en que se incurrieron, iban a derivar en tan pírricos resultados, casi reducidos a la desaparición física de una persona para ser sustituida por otras que, sin recurrir a las barbaries de la primera, asumían mecanismos que impedían el advenimiento de la libertad, supuesta máxima aspiración de las luchas desplegadas.
De ahí en adelante, lo único que en ella jamás ha declinado es su convicción de que una forma distinta de gobernar es posible. Su convencimiento de que es inaceptable justificar lo hecho con esta democracia que para poco ha servido y que, por eso, precisa ser renovada, conducida a sus auténticos paradigmas, como medida imprescindible para evitar que soluciones que constituyan remedios peores que la enfermedad sean aplicadas. El bebé que aquel 30 de mayo llevaba en su vientre, le acompaña, viejo como ella, en la ilusión de un porvenir diferente.

