Como si usted fuera mago, borre el monto de más de más de mil 400 millones de dólares a que ascendería esta año el déficit del subsector eléctrico o redúzcalo a los S$250 millones. Si se lograra esa magia, el déficit real sería de menos de 500 mil millones, menos de un 3% del Producto Interno Bruto (PIB), que a junio era de 3.3%, conforme a estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI).
De esa operación quimérica se desprende un mentís a la cacareada versión de que el anterior gobierno infló el Gasto Público para comprar las elecciones. Por el contrario, ejecutó un formidable programa de terminación de obras de infraestructura que impidió que la economía cayera en recesión. (El PIB creció 5% en 2011).
La otra verdad es que la crisis del subsector eléctrico representa el mal mayor de la economía, con trasferencias presupuestales ascendentes a más de seis mil millones de dólares en los últimos ocho años, dinero que en su mayoría ha ido a parar a un cuasi oligopolio que ha descubierto la forma más fantástica de acumulación originaria de riquezas.
No se tiene conocimiento de caso similar al dominicano en el que ano por año se consigna en el Presupuesto Nacional que el déficit del sector eléctrico sería de no más de 250 millones de dólares, pero siempre ese faltante supera los US$750 millones o se dispara sobre los mil millones como ha ocurrido en 2012.
El proyecto de reforma fiscal que anunciará esta semana el presidente Danilo Medina debe estar asociado con el déficit del subsector eléctrico. El Pacto Fiscal debe permitir abordar el problema por su raíz, que no es solo tarifa y cobranza, sino también revisión de acuerdos y formas de cálculos de costo y precios.
Ruego para que el presidente no acepte como remedio la ampliación de la base del Itebis en la forma en que lo proponen gremios empresariales y economistas neoliberales, que es reducirlo de un 16% a un 12% para un tipo de productos y servicios; 8% para otro grupo y 5% para los demás, incluso medicinas y alimentos básicos. Es una trampa para beneficiar a los de arriba y perjudicar a los de abajo.
Lo mismo ocurre con la tarifa eléctrica, que el Banco Mundial propone incrementar en un 20%, además de indexarle los anos de inflación y convertirla en tarifa técnica liberada de cualquier requisito para su incremento continuo.
El presidente nos ha prometido una reforma fiscal integral que no grave alimentos básicos, medicina ni educación, así como un abordaje a la crisis eléctrica que incluya revisión de contratos viles y de toda forma mafiosa originaria o práctica desleal de comercio. En él confiamos.

