Los temas económicos tendrán lugar de preeminencia en el debate electoral, no sólo en relación a su importancia, sino también porque, en asuntos relacionados con democracia e institucionalidad política, la oposición llevaría las de perder, en razón de que ha sido el partido oficial el que más ha promovido desde el Gobierno la expansión y consolidación del espacio democrático.
Una sociedad como la dominicana, con economía abierta, altamente dependiente e impactada por la peor crisis financiera global, padece de un rosario de males de difícil solución, a menos que Gobierno, sector productivo y clase política acuerden halar la soga en la misma dirección, cuestión que no parece estar en el ánimo de esos sectores.
Es por eso que, de cara a las elecciones de 2012, se presagia un debate político- económico cruento, con más efecto que contenido, en el que la oposición política pondría todo su empeño en desdibujar hechos y propuestas de soluciones, mientras poderes fácticos intentarán, en medio de una refriega mediática sin pies ni cabeza, negociar voluntades partidarias para cobrar después de las elecciones.
Es por eso que, desde ahora, la ciudadanía tiene que agenciarse formas para poder incidir en la agenda del debate y reclamar que su contenido refleje alto nivel de conocimiento de los temas expuestos y mayor claridad, viabilidad y responsabilidad en las propuestas de solución o abordaje.
No basta que un candidato presidencial adelante que rompería con los esquemas de libre comercio, que deportaría para Vietnam a un generador eléctrico, que suprimiría el Programa Solidaridad o que mandaría a la cárcel o salvaría de las rejas a cada quien según nivel de amistad.
Es menester que todos los aspirantes a la presidencia estudien bien los temas económicos, especialmente los relacionados con Ingreso y gasto público, control y estabilidad de indicadores básicos de la economía, promoción de comercio e inversión y mayor equidad en la redistribución del ingreso.
Un candidato capaz y responsable tendrá que prepararse para debatir la cuestión de la presión fiscal, porque es menos que imposible sustentar el desarrollo con un nivel de recaudación de un 13 por ciento del PIB, muy por debajo de la media en América Latina o deberá anunciar su firme determinación política de romper corozo para resolver en el corto plazo la crisis eléctrica.
Como ciudadano aspiro a que partidos y candidatos compitan en base a un discurso responsable, transparente, que incluya los temas esenciales de la vida nacional, sin golpes bajos, para que el electorado sepa y pueda escoger entre un aspirante bueno y otro mejor y no entre un malo y otro peor. ¿Quién se anima?

