El mentado Foro Alternativo Ciudadano ni la izquierda política debería ufanarse de que por sí mismos tienen la capacidad para convocar una huelga general aun sea por 24 horas porque, aunque haya uno o mil motivos para realizarse, ese paro no sería posible sin el concurso de la derecha política y grupos económicos.
Demás está decir que una huelga general se convoca básicamente con fines políticos, no reivindicativos, aunque temas relacionados con salarios o mejores condiciones laborales se incluyan, pues lo que se persigue es el debilitamiento del Gobierno de turno o la posibilidad de poder encender la pradera social.
El Falpo ni ninguna otra franquicia de la falsa izquierda o de las que desde la sociedad civil sirven a intereses extranjeros están en condiciones de paralizar labores en la industria y el comercio, a menos que recurran al terrorismo, como ha sido su conducta en municipios donde mantienen a la población de rehén tras bombazos y quemas de neumáticos.
Razones hay, han habido y habrán para convocar a mil huelgas, pero no hay condiciones objetivas para promover por esa vía drásticos cambios en el orden político, social y económico revolucionarios, que no sea el de empobrecer aún más a las grandes masas o atajar para que grupos dominantes incrementen su rentabilidad por medio de la presión política.
No niego que la huelga sea instrumento válido de lucha cuando se cierran las puertas a un auténtico ejercicio dialogante, pero es un arma de doble filo cuando se usa para obtener espurios beneficios electorales o como resabio de sectores económicos que han sido afectados por medidas de emergencia fiscales.
Se dice que la huelga de mañana causaría pérdidas al aparato productivo por más de mil millones de pesos, pero ese dinero será extraído de las costillas del pueblo por los entes corporativos que financian tal movimiento, cuyo único objetivo es desacreditar al Gobierno y debilitar la candidatura de Danilo Medina.
Lo que queda de la izquierda debería someterse a un proceso de autocrítica para identificar las debilidades que implican que su accionar político y social se limite a servir de escudero de sectores que representan atraso, exclusión y explotación.
No son pocos los pequeño-burgueses que hablan a nombre de grupos de izquierda donde jamás se celebra un evento democrático ni plural, que se enceguecen cuando les ponen por delante cámaras, micrófonos y grabadoras. Algunos llegan a creerse que de verdad son líderes, aunque terminan sirviendo como técnicos o sirvientes a candidaturas y partidos de derecha.
Debo decir que no estoy a favor ni en contra de la mentada huelga. Me preocupa que los platos rotos los paguen quienes nada ganarán con esta aventura de títeres y titiriteros.

