POR Orión Mejía
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De hipócritas y fariseos
El Gobierno pierde por amplio margen la intempestiva batalla que sobre el tema de la corrupción han declarado poderosos intereses corporativos, políticos y mediáticos, la mayoría de los cuales procuran inyectar a la opinión pública la percepción de que ese flagelo sólo ha infectado al litoral gubernamental y que lo ha hecho de tal manera que es menester sacrificar al enfermo.
Tan efectiva ha sido esa campaña que el ciudadano ordinario parece convencido de que la corrupción sólo existe en el Gobierno, y en ningún otro lado, incluidos los demás poderes del Estado y, naturalmente, el sector privado estaría libre de pecado.
Me incluyo entres quienes creen que, como ayer y mañana, hay corrupción en áreas oficiales y poco se ha hecho para combatirla o prevenirla. No creo, sin embargo, que la vigorosa campaña que han emprendido entes empresariales, de prensa y partidarios, procure en verdad erradicar o disminuir ese mal.
En ninguno de los enjundiosos escritos sobre corrupción se incluye los actos dolosos contra el erario perpetrados desde el sector privado, tales como los 400 millones de dólares cobrados por generadoras de electricidad, en virtud de contratos ilegales o con vicios de consentimiento, los más cien mil millones transferidos a intereses empresariales desde el Presupuesto o por vía de gastos tributarios en 2008.
La prensa no trata con igual intensidad escándalos de contrabando como los seis barcos con dos millones en combustibles o la denuncia de que barcazas descargan en altamar gasoil y gasolina como si fuera drogas. Tampoco se menciona la evasión o el flujo de capitales provenientes de actividades ilícitas, incluido narcotráfico.
El destino de los actos de corrupción en cualquier lado debería ser el de los tribunales. Hay que evitar, sin embargo, que se instalen foros o paredones manejados a control remoto para lapidar reputaciones o suplantar el rol del juez y del fiscal.
Llama la atención que esta cruzada se inició al otro día del viaje del presidente a Francia, Israel y Egipto, quizás por el secreto encanto que entre algunos pontífices de la moral y las buenas costumbres ha provocado lo sucedido en Honduras.
No por casualidad el vendaval comenzó por la Corporación Dominicana de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE), donde se gestiona la renegociación de contratos viles y de naturaleza criminal, que reportan a empresas generadoras millones de dólares en ganancias espurias.
Quien infringe la ley penal debe ser sometido a la Justicia, sin importar si el corrupto o el corruptor es funcionario del Gobierno o enchaquetado empresario. Los delincuentes arrastran los pies en cualquier parte.

