La sociedad dominicana posee mayor nivel de comprensión y asimilación de su realidad que el que le asignan la clase política, el litoral mediático y la élite empresarial, que creen que la vida nacional se ha detenido en la época de Concho Primo o que la población está integrada por lerdos.
De otra manera no se explica que políticos, académicos, economistas, empresarios y líderes de la sociedad civil manejen tan torpemente temas esenciales de la economía, políticas públicas, justicia, seguridad o de simple cotidianidad, temas que exponen con extraña mezcla de ignorancia, tergiversación y falsía.
Los ejemplos sobran, pero es necesario destacar algunos, como del candidato presidencial que proclamó que la carta de Intención presentada por el Gobierno al FMI refleja el desorden en el manejo de la economía, sin ofrecer estadística alguna ni percatarse que la CEPAL vaticina que el país crecerá este año un 5.0 % del PIB, más alto que Brasil, Venezuela y México.
Un economista del PRSC afirmó que el gobierno se endeuda para pagar deudas vencidas, algo así como un reenganche, sin enterarse que el presupuesto de 2011 contiene 97 mil millones de pesos en financiamiento (Bonos internos y externos y desembolso crediticio), pero también consigna el pago del servicio de la deuda externa por 63 mil millones de pesos. Vincular una cosa con la otra es malicia pura.
Otros economistas del PRD, responsables en parte de la pérdida del 23% del PIB sufrida por la economía durante el período 2002-2004, afirman que la deuda externa se ha triplicado, sin tomar en consideración que esa variable no se mide en sentido absoluto, sino con relación al Producto Interno Bruto, por lo cual se afirma que el endeudamiento se ha reducido de casi un 60% a un 37%.
Lo mismo ocurre con mentadas organizaciones de la sociedad civil convertidas en ombligos de la moral que reclaman castigo a la corrupción, cese de un supuesto dispendio del Gasto Público, 4% a la Educación, sin señalar a los corruptos, ofrecer pruebas del derroche o fuentes para elevar el presupuesto al sector educativo, como todos quisiéramos. Actúan como piratas de siete mares con un ojo convenientemente tapado.
Quienes colocaron 1,100 millones de dólares en bonos sin consignarlos en los presupuestos de 2001 y 2003, critican hoy la colocación de papeles por 500 millones que sí están contenidos en la Ley de Gastos de 2011 y en consonancia con el acuerdo firmado con el FMI que sitúa el déficit fiscal en del PIB.
Un ex presidente que dejó a la nación en bandolera, con los indicadores económicos fuera de control, tilda de desorden al cuadro de estabilidad y crecimiento sostenido, aun con el impacto de la más cruenta crisis global desde la gran depresión. La verdad es que estamos locos.

