Opinión

A RAJATABLA

A RAJATABLA

Al ascender las escalinatas del Palacio Nacional, el jueves, después de su juramentación ante la Asamblea Nacional, el licenciado Danilo Medina inicia un pedregoso camino hacia la inmortalidad, donde le aguardan los jueces del tiempo, que estarán muy atentos de sus ejecutorias de cada día para al final de su mandato decretar el lugar que su nombre y figura ocuparán en  el edificio de la historia.

Danilo está consciente de lo que le espera, pero  ha tenido el coraje de adelantar que no teme a los malos espíritus que arrastran los pies. Su promesa de  combatir la pobreza, redistribuir  el ingreso, promover empleos dignos, mejorar la educación, incrementar la producción y productividad agrícola y pecuaria, relanzar la industria y los servicios y  garantizar estadio de plena seguridad ciudadana, equivale a una gran revolución democrática y social.

Al nueve jefe de Estado le conviene sustituir a un presidente  de su propio partido que termina a todo vapor en un formidable programa de inauguración de carreteras, escuelas, hospitales, acueductos, bibliotecas, por lo que no recibirá a un país quebrado, decadente, como tuvo que recibirlo su antecesor.

Aun así, los efectos de la  crisis  que abate al mundo, constituirán un  difícil valladar  que, con el favor de Dios y concurso de la sociedad sensata, tendrá que superar el nuevo Gobierno.

Mucho antes de asumir, Medina ha  formulado un vehemente llamado a la clase política, empresariado y mentada sociedad civil, a concertar pactos de largo alcance y efectos inmediatos para afrontar la crisis eléctrica, promover una reforma  fiscal integral y relanzar al ensamblaje educativo.

Esa actitud indica que  encabezará un gobierno dialogante, concertador, moderado, justo, respetuoso, pero también  firme y decidido a  aplicar políticas públicas que hagan honor a su  promesa de promover lo que nunca se hizo.

La prueba de fuego que tendrá Danilo al inicio de su gobierno tiene que ver con procurar  diseñar  un proyecto de ley de Presupuesto del Estado para 2013 que reflejen reducción del déficit fiscal, que garanticen 4% a la educación,  que  reduzcan las transferencias presupuestales al subsector eléctrico y al Banco Central y que aprovisione recursos para promover créditos a la micro, perqué y mediana empresas y al sector agropecuario.

Yo aconsejaría a los funcionarios del nuevo gobierno desempeñar sus cargos con honradez, moderación, sensibilidad, eficiencia y respeto a la ley para que de esa forma ayuden a Danilo a cumplir su cometido de redistribuir las riquezas nacionales de tal manera que millones de pobres e indigentes  retornen a la actividad productiva y digna, camino que garantiza también un lugar preeminente en la historia.

El Nacional

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