De la sociología marxista recuerdo aquel axioma de que en términos político y social cada quien actúa conforme al lugar que ocupa en las relaciones de producción, pero algo raro sucede con esa teoría cuando se procura aplicarla a la realidad dominicana. En uno de los 21 folletos cuyo estudio y discusión se requería para obtener membrecía del PLD, Juan Bosch diferenciaba rico y burgués planteando como ejemplo que el primero tendría un millón de pesos debajo del colchón, mientras el segundo invertiría esa misma suma en maquinaria y mano de obra.
Bosch identificó a las diversas capas de la pequeña burguesía dominicana, estratificada en alta, mediana y pequeña y esta última en pobre y muy pobre. Como es lógico, en una sociedad de desempleados y chiriperos, la incipiente burguesía emergía en la década de los 70 como la clase progresista generadora de empleo, tecnología y progreso, a la que había que impulsar, por vía de una revolución de liberación nacional, para convertirla en clase gobernante, de modo que desalojara del poder al mentado Frente Oligárquico, integrado por banqueros, importadores, terratenientes y grandes comerciantes.
Han transcurrido más de cuatro décadas desde aquel próximo paso: Dictadura con Respaldo Popular, tesis política de Juan Bosch, pero la historia o los hechos, tozudos como siempre, han tirado por la borda muchas de esas otrora incuestionables tesis. Hoy en día es difícil poder diferenciar el rol de las clases y capas sociales que conforman el difícil entramado de la sociedad nacional, porque los discursos y acciones de líderes y dirigentes que dicen representar cada uno de esos sectores promueven discursos y acciones que contradicen sus intereses clasistas o que niegan la alianza de clases o la coincidencias de propósitos ante coyunturas específicas.
La mejor forma de explicar lo que aquí sustento es refiriendo la anécdota de mi conversación hace unos días con un importador de artículos de lujo, quien me transmitió su absoluto respaldo al Pacto Social propuesto por el presidente Danilo Medina y propósito del gobierno de sacar de retornar a la actividad productiva a un millón 500 mil dominicanos que malviven al otro lado de la verja de la miseria.
Ese planteamiento progresista contrasta con el de una prominente dirigente de un gremio industrial, obviamente, representante de la burguesía, quien ha advertido que la Reforma Fiscal debe limitarse a reducir el gasto público, sin tocar la posibilidad de aumentar ingresos por vía de mayor presión tributaria, lo que impediría financiar la revolución social prometida por Danilo. La confusión estriba en que burgueses actúan como oligarcas y estos se han vuelto burgueses progresistas.

