Lo más resaltante del primer mes de Danilo Medina como presidente, es que ha podido enviar una señal clara a la población sobre el firme propósito de impulsar una gestión de gobierno socialmente revolucionaria y políticamente ética. El conjunto de medidas adoptadas en los primeros 30 días apuntan hacia el estricto cumplimiento de un prometido plan de gobierno cuyo eje básico es la redistribución del ingreso, lo que también representa el color progresista o revolucionario que tintaría el mandato de Medina.
El compromiso a que se obligan los funcionarios de observar un código ético, la jerarquización de una oficina de supervisión del desempeño público y las medidas de restricción del gasto, representan un gran paso de avance en lo referido a garantizar conducta diáfana del servidor estatal y mejoría sustancial en la calidad de la inversión.
Aunque un mes no es tiempo suficiente para determinar el rumbo que tomaría una gestión, las iniciativas emprendidas señalan un sendero novedoso, muy cercano a añejos anhelos de justicia social y también reflejan dosis mayores de voluntad política para encaminar una gestión basada en la transparencia.
En un mes, el presidente Medina anunció un programa de austeridad y reorientación del gasto; un programa de crédito y promoción de las Mipymes; un plan de alfabetización que en un plazo de dos años procura alfabetizar a 728 mil adultos; traspasó los permisos de importación de alimentos a una bolsa agropecuaria, un plan nacional de siembra de ciclo corto y el relanzamiento por vía de la vice Margarita Cedeño de los programas Solidaridad y Progresando, entre otras iniciativas.
Sin temor o intención de ocultamiento, el mandatario anunció la llegada de una misión del Fondo Monetario con la que el Gobierno exploraría algún acuerdo que serviría también para sustentar el Pacto Fiscal y el Pacto Eléctrico, otras dos iniciativas que van a definir muy claramente su gestión.
En la conformación del Gabinete y los nombramientos en distintas funciones públicas, el presidente se las ha ingeniado para que esas designaciones sean siempre oportunas o válidas, lo que ha ayudado a consolidar la necesaria unidad intrapartido y partido-gobierno, sin dejar de admitir que algunos sectores políticos pretenden mercadear la idea de que esta gestión es una continuación de la anterior, sin darse cuenta de que, más que un insulto, esa apreciación es un piropo.
En 30 días, Medina se ha ganado la confianza de la población, y ha enviado a las élites el claro mensaje de que la justa distribución del ingreso, la creación de 400 mil nuevos empleos y el rescate de un millón 500 mil dominicanos secuestrados por la pobreza y exclusión serán las metas de su gobierno. Yo creo en Danilo.

