El Senado de Estados Unidos ha congelado más de mil millones de dólares destinados a asistir a Haití; Naciones Unidas apenas recolectó US$19.0 millones de 164 que requería para afrontar el cólera; el secretario de la OEA declara que los haitianos no están aptos para manejar recursos. Hoy, esa empobrecida nación está igual o peor que el día después del terremoto de hace un ano.
Europa y Canadá han dado literalmente las espaldas, al punto que la última reunión en Santo Domingo de la mentada mesa de donantes se convirtió en misa de difuntos, donde la delegación haitiana denunció que la comunidad internacional nada informa a su gobierno. Haití ha sido abandonado a su peor suerte.
La ONU reconoce que, a causa de la catástrofe, cientos de miles de haitianos han cruzado la frontera para agregarse a los más de 600 mil indocumentados que estima se han asentado en este país.
Ahora viene Amnistía Internacional (AI) a reclamar al gobierno que detenga de manera inmediata las deportaciones en masa de inmigrantes haitianos, a pesar de que admite que solo habrían sido repatriados unos 950 indocumentados de más de un millón que viven aquí.
Amnistía Internacional califica de inhumanos el Gobierno y el pueblo dominicano por repatriar a menos de dos mil haitianos, mientras no reclama humanidad a Estados Unidos y Unión Europea por permitir que casi un millón de niños deambulen hambrientos por Puerto Príncipe, sin albergue y sin ropa…
La señora Sonia Pierre (¿así se llama?) viaja a Washington con frecuencia, donde interactúa con las familias Kennedy, Clinton y Obama, así como con el Caucus Negro, a los que refiere sobre la condición de esclavitud a que sufren miles de haitianos en nuestro país y además denuncia que otros miles malviven en condición de apátridas, porque se les niega la nacionalidad dominicana.
Esa señora nunca se ha referido al abandono, marginalidad y virtual esclavitud de millones de haitianos en el país de sus ancestros, ni tampoco de su boca ha salido una frase de agradecimiento a los dominicanos por nuestra proverbial solidaridad con esos hermanos.
Lo mismo ocurre con sacerdotes jesuitas, uno de los cuales fue agredido (le retorcieron un brazo y los dedos de una mano) en un aeropuerto de La Florida, pero en vez de denunciar ese atropello, que incluyó arresto por 15 horas, fue a Nueva York a acusar a los dominicanos de esclavizar a los haitianos, en una actividad en Manhattan a diez dólares la entrada.
Ha llegado el momento de que los hijos de Duarte cultiven un nuevo tipo de patriotismo, con la defensa en foros internacionales de nuestro derecho a aplicar políticas de control migratorio. Ya está bueno de chantaje y de chantajistas.

