Opinión

A rajatabla

A rajatabla

Cada diciembre por más de 20 anos, esta columna exhorta a la población a recibir por todo lo  alto a los miles de compatriotas que retornan  para  disfrutar las navidades junto a los suyos y siempre señalo que esa diáspora contribuye de manera decisiva con la estabilidad  monetaria y  al crecimiento  de la economía a la que aporta más de tres mil millones dólares anuales, equivalente a una suma superior a los cien mil millones de pesos.

Las festividades de Nochebuena y Ano Nuevo no serían igual sin la presencia de esos “dominicanos ausentes”, que  para la temporada se dispersan por todo el territorio nacional cargados de regalos, amor y buenas nuevas, portadores de inagotable torrente de alegría con la que contagian a su gente.

Republica Dominicana  es el tercer país en recibir mayor volumen de divisas procedentes de su comunidad en el exterior y se afirma que unos 990 mil hogares  reciben mesadas de miembros de la familia que  viven allende los mares, lo que significa garantía de mayores estándares  de movilidad económica, gobernabilidad y estabilidad política.

Con inusitada frecuencia e insistencia se publican informaciones de ciudadanos deportados desde Estados Unidos o de cualquier compatriota que  viola la ley en España, Italia o cualquier país de Europa, pero poco se  escribe o se difunde de gente nuestra que  desempeña funciones de primer orden en los campos de la tecnología, medicina, industria, comercio, política o de aquellos humildes emigrantes que trabajan como bueyes para mantener a su familia aquí.

Quien escribe estas líneas  siente profundo respeto y admiración por los dominicanos que residen en el exterior, quizás porque conozco sus aportes a la economía, sus sacrificios, sus nostalgias, o porque tengo hermanos y sobrinos que viven en Nueva York, Puerto Rico y La Florida y se de sus desvelo y de su profundo amor por la patria de Duarte.

Quienes aquí vivimos no tenemos con qué pagarle a nuestros hermanos de fuera y lo  digo con el corazón en las manos, porque si no fuera por ello, hace tiempo que nos comiéramos los unos a los otros, a falta de esas remesas  que también impactan en la agricultura, construcción y comercio.

Más del noventa por ciento de las bodegas que operan  desde Nueva Inglaterra hasta Pensilvania so propiedad de dominicanos, que además emplean a sus compatriotas en esos establecimientos, lo que  refleja  la  intensidad del trabajo de esos bodegueros que trabajan  cada día por  sobre 20 horas continuas.

Es por eso y por muchas cosas más que debemos recibir  ahora en diciembre a nuestros compatriotas del exterior como verdaderos héroes, porque se lo merecen, porque  siempre piensan en nosotros, aun en los días más terribles de frío o calor, de noche o de día. Quiero ser el primero en  levantar mi banderita tricolor en el aeropuerto cuando  lleguen mis hermanos y comience la fiesta. 

El Nacional

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